Hafsún, paradigma de resistencia

  • El profesor Francisco Ortiz Lozano recopila en un extenso libro sus tres décadas de investigación sobre Bobastro y su gran líder, que tuvo en jaque al emirato de Al-Ándalus entre los años 879 y 928

Hay una creencia bastante extendida en relación a la conquista islámica de la península en el año 711. Muchos consideran que "aquí se fulminó el cristianismo con la llegada de los musulmanes", según el profesor Francisco Ortiz Lozano. Sin embargo, un caro impuesto les daba libertad religiosa a los que no querían renunciar a sus creencias. Pero la convivencia se fue enrareciendo con los años y dos siglos después comenzaron a sucederse las rebeliones de cristianos y muladíes (nacidos en España pero convertidos al Islam) frente a la autoridad del emirato. Fue entonces cuando Bobastro se convirtió en el territorio de aquellos que lucharon contra el poder establecido.

Y Umar ibn Hafsún y sus hijos representaron el más peliagudo escollo contra los objetivos de la administración musulmana de Córdoba. De hecho, mantuvieron en jaque a sus mandatarios durante 50 años, entre 879 y 928. Este personaje histórico se convierte en uno de los protagonistas de Bobastro. La ciudad de la perdición, el extenso libro que recopila casi tres décadas de investigación de Ortiz Lozano, profesor del colegio Sagrado Corazón de Ardales. La obra, que ya se puede adquirir en las librerías, realiza tres importantes aportaciones, según su autor.

"Las crónicas árabes originales ofrecen muchos datos sobre Bobastro y siempre han aparecido muy reducidas en las historias de España: aquí se cuentan los detalles, el día a día, que me parece lo más bonito", explica el profesor. También considera que hasta ahora "no se había hecho un estudio geográfico tan exhaustivo, situando en el mapa dónde estaba cada fortaleza de la que se habla en las crónicas". Y como han aparecido múltiples interpretaciones de Hafsún, el autor de la obra las ha recogido, sintetizado y aportado su visión personal. Además, "aparecen documentos inéditos medievales, traducidos del latín por primera vez", añade.

La década del 890 fue la etapa de mayor esplendor de Bobastro. Sus dominios se extendían desde la serranía de Ronda hasta las montañas de Granada, la ciudad de Jaén, incluyendo la sierra de Priego de Córdoba y Algeciras, por el otro extremo. "Las llanuras, los campos más ricos, se poblaron con árabes y los indígenas huyeron para atrincherarse en las montañas", explica Ortiz Lozano. Por ello, nunca llegaron a Cártama ni a la ciudad de Málaga. Vivían de la ganadería, de pequeñas huertas y fueron, además, guerreros.

Un ejemplo de destreza en la batalla fue la del arquero Abú Nars, famoso por su puntería y por el gran número de viudas que iba dejando a su paso. En la última etapa de Bobastro, Nars fue capturado. Pero el emir no quiso que le dieran muerte, sino que lo llevaran vivo hasta Córdoba. El castigo fue empalarlo en una cruz en la puerta del palacio y ordenar a los arqueros a que le lanzaran dardos (flechas finas). Dicen las crónicas que no murió hasta que su cuerpo se cubrió de púas como un erizo.

Otra de las historias que encandilan al investigador es la lucha cuerpo a cuerpo que mantuvo Umar con su hijo Sulaymán, el primer hombre que consiguió abatir al invencible. "Cuando todos creían que iba a estallar en cólera, se levantó a proclamar orgulloso que era éste era su predilecto, el único capaz de hacerle morder el polvo", subraya el autor del libro, que también cuenta cómo Hafsún yació con la concubina del comandante la misma noche que se hizo con Bobastro. Ella fue la madre de Sulaymán y le acompañó hasta el final amargo que le deparó el destino. Diez años después de su muerte natural fue sacado de su tumba para ser crucificado en Córdoba por haber renegado del Islam. Éste fue el final del reinado de la resistencia.

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