Guerras de religión

Multicines La Dehesa Islantilla, CineBox Aqualon Puerto Huelva, Cineápolis Lepe, El Condado Cinemas 7 y Al Andalus Ayamonte y Punta Umbría.- T.O.: "Ágora".- Producción: España, 2009.- Duración: 126 minutos.- Dirección: Alejandro Amenábar.- Guión: Alejandro Amenábar y Mateo Gil.- Fotografía: Xavi Giménez.- Música: Dario Marianelli.- Montaje: Nacho Ruiz Capillas.- Intérpretes: Eachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashaf Barhom, Michael Londsdale, Rupert Evans, Homayoun Ershadi, Omar Mostafa, Oshri Cohen, Sammy Samir, Yousef Sweid

En una época en que se han impuesto los ataques y el descrédito de las religiones -¡ojo, con excepción a la islámica!- y especialmente la cristiana, ciertas tendencias políticas arrecian desde cualquier medio sus invectivas, recurriendo, como es el caso a tiempos pretéritos, tratando de equipararlos a presuntos integrismos de hoy. Es una manifestación de la cultura laica a cualquier precio. Y eso es lo que hace Alejandro Amenábar en esta costosa y ambiciosa producción, debidamente articulada para fundamentar su denuncia, cargada más de retórica e intencionada ideología que de logros cinematográficos..

Ya nos extrañó que, tras su presentación en el Festival de Cannes, donde su paso no tuvo la menor incidencia, el director decidiera reducir el metraje en quince minutos, lo cual es bastante significativo. Como lo es también que un numeroso grupo de personas haya firmado un manifiesto de apoyo a la película. ¿Por qué a esta película y a otras no? Todo lo cual nos recuerda tutelajes y protecciones propias del denostado régimen anterior. La historia se repite. Para colmo se ha acusado al Vaticano y a la Iglesia a través de Facebook de impedir que el film se estrene en Italia, lo cual es inexacto y no logra más que una publicidad gratuita y masiva como ya ocurrió con El código Da Vinci (2005), y que tan buen resultado mediático le dio a los falsos acusadores.

Creo que estos aspectos extracinematográficos pueden condicionar la apreciación del público para una película, que con problemas de distribución en ciertos países, nos traslada a Egipto en el siglo IV bajo la dominación del Imperio Romano. Violentas revueltas se extienden por las calles de Alejandría, donde imperaba la tolerancia. Encerrada en su gran Biblioteca la eminente astrónoma Hipatia, pese a su sabiduría, no percibe que su joven esclavo, Davo, duda entre el amor que le profesa y la libertad que lograría si se une a la causa emergente de los cristianos. La conmoción religiosa agudiza su espiral de violencia.

Ágora, como evidencia su visión, expone una denuncia de la intolerancia, el fanatismo y los conflictos de identidad con lo tópicos habituales que se aplican a ciertas religiones (a otras que sí los tienen bien probados se las ignora). La supuesta hagiografía de la protagonista le permite a Amenábar simbolizar en Hipatia la luz de la razón y la tolerancia sacrificada por la intransigencia, la superstición y la ignorancia. La destrucción de los textos, como la de los libros nos devuelve a una metáfora conocida, que más notablemente llevó a la literatura Ray Bradbury en 1953 en la novela distópica Farenheit 451 y a la pantalla François Truffaut en 1966.

Ante una gran producción, diríamos una superproducción estilo Hollywood -incluida su falta de rigor-, con todas sus virtudes plásticas, su magnífica ambientación, su espléndida decoración, su extraordinaria fotografía y su puesta en escena estética realmente admirable, hay inexactitudes históricas, una clara omisión a las vicisitudes políticas que motivaron la actitud de los cristianos y el recurso fácil sobre ciertos lugares comunes de este tipo de críticas. En todo caso con toda su envoltura artística estas guerras de religión constituyen fundamentalmente una premeditada e intencionada elucubración laica.

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