Gilliam considera "una verdadera estupidez" la "maldición" del 'Quijote'

  • El cineasta británico finalizó el rodaje de su película en junio tras 17 años de intentos fallidos

Terry Gilliam durante el rodaje en los 90 con Jean Rochefort en el papel de Quijote. Terry Gilliam durante el rodaje en los 90 con Jean Rochefort en el papel de Quijote.

Terry Gilliam durante el rodaje en los 90 con Jean Rochefort en el papel de Quijote. / H. Información

Veintiocho años después de empezar a trabajar en el proyecto, Terry Gilliam anunció el pasado 5 de junio el fin del rodaje de su película sobre Don Quijote. Durante una visita al set en los bosques de Valsaín, el cineasta británico avanzó que el filme será un canto a la fantasía con guiños a la actualidad. "La maldición del Quijote es una verdadera estupidez", suelta Gilliam a un grupo reducido de periodistas durante un descanso del rodaje, en un paraje junto al río Eresma. El día es soleado, su humor excelente y nada hace pensar en las tormentas apocalípticas que convirtieron el primer rodaje, hace 17 años, en un infierno.

Adam Driver y Jonathan Pryce serán quienes finalmente pasarán a la historia como trasuntos de Sancho Panza y Don Quijote en esta adaptación libre y contemporánea de la novela de Cervantes, junto a Olga Kurylenko, Stellan Skarsgard y actores españoles como Jordi Mollá, Sergi López, Oscar Jaenada o Rossy de Palma. El guión, en esencia, sigue siendo el mismo: Toby (Driver), un ejecutivo publicitario, regresa al pueblo donde rodó un corto diez años antes y se reencuentra con Javier (Pryce), un zapatero que desde entonces vive pensando que es el auténtico Don Quijote y le confunde a él con Sancho Panza.

El británico admite que este proyecto es su máxima obsesión, "un problema médico, sí"

El espectador encontrará también referencias a la actualidad más reciente. "Hay algo sobre terrorismo y el mundo musulmán", apuntó Gilliam sin querer desvelar demasiado. Pryce dio alguna pista más: "Habrá alguna nota sobre lo que les pasa a los inmigrantes y los prejuicios religiosos".

Pero por encima de todo, la obra es una exaltación de la imaginación y de las personas que se empeñan en ver el mundo de otra manera, según Gilliam, convencido de que él mismo tiene mucho de Don Quijote: "No me gusta la versión normal del mundo, prefiero pensar que hay más juego y diversión ahí fuera".

Pese a las innumerables ocasiones en que el proyecto se ha venido abajo, la película sigue siendo su máximo sueño creativo. "Es un problema médico, sí", reconoció Gilliam. "Nunca he dejado de pensar en ello".

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