Formas de lo antiguo

El problema de la Ilustración, y luego del Romanticismo, fue la inagotabilidad del mundo. Si la Enciclopedia trató de encapsular cuanto de vario y misterioso abultaba el cosmos, el Romanticismo se fundamenta justamente en lo contrario: en la rendija abierta entre el idioma (poético, pictórico, científico, tanto da), y el esquivo rumor de la existencia. En esta falla entre las capacidades humanas y el enigma de lo real, compacto e irresoluble, es donde se despliega el arte desde el primer Goethe al último Rothko. También esta varia colección de textos, de muy desigual fortuna (junto a relatos de fina ejecutoria, la ocurrencia pueril e inexcusable) que Fernandez Mallo ha querido reunir bajo el acertado padrinazgo de Jorge Luis Borges.

Con Lautréamont, Mallo encuentra en la ciencia una nueva poética abierta a lo insondable. Con Villiers (su Eva futura es el origen del Metrópolis de Lang), Mallo fabula una tecnología que desborda, en cierto modo, la comprensión humana. De hecho, parte de las metáforas del XX adquieren ya un firme aire científico, artificioso, de calidad metálica (véase a Tamara de Lempicka); mientras que la tecnología, tan cercana a las vanguardias, de Marinetti en adelante, con su boutade sobre la batalla de Samotracia, no ha hecho sino incorporar al hábito humano su novedad incesante. En este sentido, lo perdurable en Mallo es su emulación borgiana: esto es, su aproximación al azar, a la fractura insalvable entre la intelección humana y sus fantasmas. Lo más perecedero de este remake de El hacedor, es su entusiasta aproximación a la utillería de moda. Sin duda, aquellos que crecimos con el walkman y el Spectrum sabemos de la futilidad, de la fugacidad de estos hallazgos, en apariencia insuperables. Así, dentro de unos años, no muchos, cuanto de literario hubo en estas páginas seguirá siendo comprensible y válido; la épica técnológica a lo Jules Verne, la vertiginosa hibridación hombre-máquina de Fernández Mallo, con mucho de nueva metafísica, se habrá diluido en un mundo del que aún no sabemos casi nada.

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