víctor del árbol. escritor

"Europa se volverá vieja y enfermará de soledad si sigue rechazando al otro"

  • El que fue ganador del Nadal tras ser 'mosso d'esquadra' están en plena gira de presentación de su nueva novela, 'Por encima de la lluvia', protagonizada por héroes crepusculares

Víctor del Árbol disertará sobre su nueva obra hoy en la Fundación Ory de Cádiz y mañana en Sevilla. Víctor del Árbol disertará sobre su nueva obra hoy en la Fundación Ory de Cádiz y mañana en Sevilla.

Víctor del Árbol disertará sobre su nueva obra hoy en la Fundación Ory de Cádiz y mañana en Sevilla. / marta pérez / efe

Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) es de los que piensa que a lo largo de una vida se viven varias vidas. Él es un perfecto ejemplo. Hijo de una familia humilde, se aficionó a la lectura esperando que su madre terminara de trabajar en las bibliotecas, se metió a seminarista y acabó trabajando como mosso d'esquadra hasta que el éxito de su cuarta novela, La tristeza del samurai, que se convirtió en un bestseller en Francia, le cambió la vida. El año pasado le llegó uno de los mayores reconocimientos con el Nadal y ahora regresa con una novela tan inquietante, sombría y con un universo tan propio como al que nos tiene acostumbrados, Por encima de la lluvia, publicado por Destino.

-Empieza para usted la peor parte de un libro: la promoción.

-Es un poco agotador, pero tras años de trabajo solitario ha llegado el momento de compartirlo. Está bien, no lo llevo mal.

-Con su nuevo libro nos va a hacer viajar. Empieza en Tánger y acaba en Malmö, Suecia.

-El viaje es una de las metáforas más potentes de la literatura. No entiendo el viaje como salir de un punto A y llegar a B, sino la transformación que se produce en él. Un viaje que no te cambia no te sirve.

-Ha elegido como héroes de su novela a dos ancianos. Dos ancianos muy diferentes.

-Hacía mucho tiempo que quería dar voz a esta generación en mis novelas. Son dos personajes muy distintos. Miguel se ha conformado en su vida, ha preferido la seguridad frente al vértigo. Se ha dedicado a sobrevivir, que es lo que hacemos todos, y se ha olvidado de vivir hasta que se da cuenta de que la vida se le agota sin haberla vivido. En toda vida hay muchas vidas y además, está la vida vivida y la vida deseada, asumiendo que la mayor parte de nuestra vida es una derrota. Para Miguel, ésta es su última vida. Por contra, Helena es una mujer que sí que eligió el vértigo y está dispuesta a arriesgarse hasta el final.

-¿Cuándo decide que va a tener a estos personajes como compañeros de viaje durante un tiempo?

-No es algo mecánico en el sentido de que se acaba un libro y a los pocos días dices vamos a ver de qué escribo ahora. Yo siempre tengo ideas rondándome hasta que, de repente, una entra en ignición.

-¿Y cómo entró ésta en ignición?

-En un avión yendo de Bilbao a Barcelona. En el asiento contiguo viajaba una señor mayor que inspiraba serenidad. En cierto modo, me recordaba a mi abuelo. Cuando descendimos, por encima de las nubes, llovía sobre Barcelona. Pensé que este hombre ya estaba por encima del bien y del mal, que había probado lo amargo y lo dulce de la vida. Ahí me surgió el título, Por encima de la lluvia.

-Tener el título ya es tener mucho terreno ganado.

-Es que yo no me pongo a escribir hasta que no tengo el título. Es algo que le da sentido a tu trabajo.

-Aparte de los dos ancianos que inician su road movie partiendo de una residencia de ancianos de Tarifa, incluye un tercer protagonista, Yasmina, el inmigrante, el otro.

-Necesitaba el contrapunto. Los viejos sueñan hacia atrás, los jóvenes sueñan hacia a delante. Y sitúo a Yasmina, una soñadora que me va a servir para hablar de los flujos migratorios, en un barrio encerrado en sí mismo, un barrio que da pocas opciones a soñar.

-Un barrio sueco poco conocido en España, el barrio de donde salió Ibrahimovic, Rosengard.

-Tenemos una idea un poco arquetípica sobre Suecia como el paraíso del Estado del Bienestar, pero en España poco sabemos de cómo está arraigando allí la extrema derecha, la xenofobia y el Suecia para los suecos. Nos hacemos idea de los lugares por las postales, pero en cuanto te sales un poco de la postal encuentras otro mundo. Malmö es una ciudad gueto y su gueto es Rosengard. Es un barrio habitado por personas, casi todas de origen extranjero, que casi nunca salen de él. No existe interrelación.

-Toda la novela está recorrida por una gran preocupación sobre esas fronteras, la norte y la sur, los dos extremos donde desarrolla la trama.

-Es que pienso que Europa puede encontrarse con un problema si sigue esta deriva de rechazar al otro. Europa se volverá vieja y enfermará de soledad.

-A usted le etiquetaron como autor de novela negra, pero mueve muchos más resortes.

-Yo busco en mi obra tener un universo propio y, en ese sentido, ni me gustan las etiquetas ni persigo la anécdota. Para ser escritor no hay que escribir bonito sino hablar de lo que somos. En ese sentido, situar la novela en Suecia tiene algo de homenaje a Henning Mankell, un escritor de antes del boom de la novela negra sueca y que, de hecho, trasciende el género.

-Lo siento, es catalán, le tengo que preguntar por Cataluña. ¿En su universo tiene cabida una novela sobre el procés?

-Lo podría tener, pero no ahora. Necesitamos distancia para analizar lo que nos está pasando.

-¿Y así, a bote pronto?

-Como escritor, mi patria es la literatura, pero no puedo ser ajeno a lo que ocurre a mi alrededor. Yo seguiría a Miguel Hernández: las palabras no están hechas para cavar trincheras y dos no se pelean si uno no quiere.

-Ya puestos, usted que fue mosso, ¿ve a José Luis Trapero como héroe de una novela suya?

-Mis héroes son aquellos que no saben que lo son. Trapero sería un buen personaje, sin duda. Le tengo por un magnífico policía que intenta mantener el equilibrio entre dos fuerzas que quieren fagocitarlo dentro de lo que es el contrasentido del poder. Todo eso lo convierte en un personaje literario atractivo.

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