Espectáculo casi plano tras la tarde volcánica morantista

  • Miguel Ángel Perera escuchó la única ovación del festejo en su primer toro, un sobrero de Marca, noble · Juan Bautista, perdido, y Talavante pasa de puntillas

La tarde prácticamente plana. Resaca. Parecía como si toros y toreros se hubieran puesto de acuerdo. Había que respetar ese volcán de emociones del día anterior, con una especie de lava ardiente que arrasó todo, y bajo la que todavía ayer palpitaba, en el ruedo de Las Ventas, el supremo toreo de capa de Morante de la Puebla.

Juan Bautista, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante no lograron cotas relevantes con una corrida sin poder de Valdefresno, con el añadido de un sobrero de José Luis Marca. Cómo sería la cosa que la mayor emoción para el público sucedió con un salto olímpico al callejón del primer toro. A punto estuvo de herir a un cámara. Afortunadamente no provocó percance. A partir de ahí, apenas hubo sobresaltos.

Ya se sabe que en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Y en este caso, Miguel Ángel Perera marcó diferencias con sus compañeros, principalmente por su entrega y seguridad. Su primero, devuelto por blandear, fue sustituido por un sobrero de José Luis Marca, sin poder alguno. El extremeño se marcó un buen quite por gaoneras, en contestación a otro, por saltilleras, de Alejandro Talavante, cambiando el viaje al toro. La labor, basada en la diestra, tuvo como mayor virtud la quietud, con algún muletazo por alto, solemne y mayestático. Acabó en un serio arrimón. Pero a ese menú correcto le faltó la sal y el picante de la fortaleza del astado y aquello tuvo poquito eco. El pacense se enfrentó en segundo lugar a Malagueño, toro sin cuajo, sin trapío, que se tapaba por la cara y que fue protestado por ello desde los primeros compases de su lidia. Tras mansear en los primeros tercios, el toro metió bien la cara por el pitón derecho. Perera, dando distancia, dio tres tandas, con ligazón y algunos muletazos de calidad. Ya con el toro apagado, no hubo nada reseñable ni por el lado derecho ni por el izquierdo. Mató mal. La faena, en esta ocasión, tampoco llegó a calar con fuerza en el respetable.

Juan Bautista estuvo (¿pero estuvo?) sin confianza en sí mismo, mecánico, sin motivación alguna. No se fajó con el que abrió plaza, un animal que pasó de blandear en los primeros tercios a embestir de manera agresiva en la muleta. Embestidas con picante, pero el francés venía en son de paz y sacó bandera blanca de inmediato. Con el noblón cuarto, el arlesano se superó en el aspecto artístico y cayó en una vulgaridad absoluta.

Alejandro Talavante, con un lote deslucido, pasó nuevamente de puntillas por Madrid. Compitió en sosería con el manso, noblote y deslucido tercero y no tuvo opción con el sexto, que daba cabezazos y embestía con la cara alta.

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