César Lucas. Fotoperiodista

"En España la fotografía de prensa siempre ha sido el pariente pobre"

  • Los mejores trabajos de este artesano de la realidad se exhiben desde hoy en la Casa Colón bajo el título 'El oficio de mirar' · La muestra cierra el círculo del Latitudes Festival Internacional de Fotografía.

Cuando le robaron en Miami sus cámaras Nikon tuvo que tomar prestada la Canon de un amigo. Así descubrió las ventajas de los objetivos automáticos y, una vez que regresó a Madrid, tuvo claro lo que quería a la hora de renovar su equipo. Autodidacta por obligación -porque "entonces no había los centros de formación, talleres, conferencias o publicaciones que hay ahora y que un profesional te enseñara su misterio era como lograr que un mago te explicase cómo sacaba el conejo de la chistera"-, César Lucas nunca tuvo prejuicios a la hora de subirse al carro de los avances de lo digital.

La retrospectiva de toda su trayectoria se resume en El oficio de mirar, una extensa muestra que da buena cuenta del trabajo de esta figura imprescindible del fotoperiodismo. Con el patrocinio del Centro Andaluz de la Fotografía, se exhibirá hasta el 8 de abril en las salas Iberoamericana y de los Brazos de la Casa Colón en el marco del Latitudes Festival Internacional de Fotografía Huelva.

-Cinco décadas dan para mucho. ¿Siente reflejada en esta muestra toda su carrera?

-Sí, porque hay fotos desde 1957 hasta 2007. Es una representación muy variada de 50 años de trabajo. Digo muy variada por el tiempo, porque no es lo mismo trabajar en los años 50, los 90 o en el 2000, con condiciones culturales y políticas distintas. Y también por la cantidad de medios en los que he trabajado: No era lo mismo trabajar en el Diario Público en los 60 que en El País en el 76 , que en Interviú en el 80 o que en publicaciones extranjeras. Me iba acomodando a todas las publicaciones que me contrataban. Una veces haciendo moda y otras haciendo cine, actualidad, política o viajes.

-¿Cuál cree que es el sello personal de todas estas facetas?

-Eso no lo digo yo, pero me dicen que el sello está ahí. Hombre, están hechas por mi, tienen mi criterio estético. Soy muy perfeccionista y me encanta llegar al final. Sí que hay esa especie de empeño por buscar todo lo mejor. Muchas veces mis colegas me decían "déjalo ya, hombre, vamos a tomarnos una caña. Si te van a pagar igual". Pero yo me quedaba y seguía dándole vueltas; me quedaba un rato y a veces merecía la pena. Al final eso es una constante que se nota.

-Usted ha testimoniado etapas tan importantes como la Transición española.

-Pertenezco a una generación que ha vivido una época irrepetible, la que va de los 70 a los 90. Podrá haber otro tiempo mejor, diferente y que tenga otras cosas. Pero aquello ya es irrepetible. En los medios había una situación tremenda y la calle era un hervidero, una expresión diaria de muchas cosas. La Movida, la tensión de la actividad política con el Golpe de Estado... Cada día se abría una ventana.

-¿De qué fotografía está más orgulloso?

-Eso es como preguntar a qué hijo quieres más. Quien realmente valora las fotos es el espectador, porque para nosotros cada foto tiene una historia personal que está en ti: la historia que has vivido para hacerla, cómo la conseguiste...

-¿Se le ha resistido alguna foto?

-Muchas. Siempre hay una foto que quieres hacer y no puedes. Un personaje que has ido buscando, un lugar del mundo... Me habría gustado estar en Berlín cuando cayó el muro para retratar un periodo histórico tan importante. O haber conocido a otra gente. Nunca te quedas lleno ni piensas que lo has hecho todo. Estoy jubilado pero cuando veo lo que pasa en lugares como Siria tengo la inquietud de estar allí.

-¿Lleva la cámara en el equipaje?

-Sí, siempre.

-¿En qué manifestaciones se ha sentido más a gusto?

-Siempre he trabajado para medios de comunicación y he buscado una estética, pero nunca he hecho fotografías artísticas. Me he sentido cómodo siempre que he trabajado con gente. De todos aprendes algo para bien o mal, porque hay personas que te dejan tocado. Las personas son mi fuente de inspiración. Yo me voy al campo, veo árboles y paisajes y no me producen nada. Pero estar con gente sí. En todas mis fotos los protagonistas son las personas. Y sin son mujeres, mejor.

-Brigitte Bardot, Sara Montiel, Lola Flores, Katherine Hepburn, Brigitte Bardot, Raquel Welch... ¿Cuál es su retratada preferida?

-Todas. No puedo dar nombres. Cada personaje tiene su historia, su gracia y sus encantos. Lo bueno es buscar lo que tiene cada uno.

-¿Requiere ese objetivo tener un sexto sentido o cierta psicología?

-No, hay que ponerle ganas e intentar que las personas se abran. Para ello, hay que respetarlas, que se sientan tranquilas y cómodas porque sepan que no les vas a hacer una pirula. Hay que saber cuándo hay que bajar la cámara. Así se te van a abrir muchas más puertas.

-¿Hay que tener entonces un sentido de la ética?

-Sí, y también de la responsabilidad para la gente con la que trabajo, para el medio y para los lectores. Hay que conseguir lo mejor de una persona pero siempre sabiendo que no vas a ir a pillarla.

-¿Cree que el fotoperiodismo está poco valorado?

-Me siento un privilegiado porque he triunfado. Fui el primer fotógrafo con un puesto de responsabilidad y mando en una redacción, la de El País, y no hablo desde el rencor. Pero en España la fotografía de prensa ha sido el pariente pobre. Incluso hoy día. Hace tres días el New York Times publicaba una fotografía de las protestas de Barcelona. Se habla de ello en las tertulias pero nadie dice a quién corresponde su autoría. No hay un reconocimiento.

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