Ejercicios de autoestima

Muchas veces uno se encuentra películas que permanecen en la cartelera más de lo que uno se espera de ellas. No sin cierto estupor compruebo como Escuela de pringaos puede verse en algunas de las salas de nuestra provincia, cuando ha pasado casi un mes de su estreno. Y la película, si es por el título, bien puede decirse que no es lo que parece. Porque en la traducción del original, School for scoundrels, una preposición puede alterar totalmente el significado al consignar un 'de' en lugar de un 'para', que, por supuesto no es lo mismo. Aparte de la libre traducción del término scoundler. Así titulado puede parecer el clásico film sobre un instituto de jóvenes estudiantes como los muchos que hemos visto en el cine norteamericano y que propendían a la gamberrada escolar desde las más diversas perspectivas.

Pero en la historia que nos ocupa, esa es la circunstancia que puede haber favorecido su acogida por el público adolescente, pensando en títulos tan significativos como La revancha de los novatos (1984), de Jeff Kanew a la que siguió La revolución de los novatos (1987), de Joe Joe Roth.

No es nada de eso ya que esta escuela a la que se refiere la película es una academia donde los pringaos, como se conceptúa, van para dejar de serlo. Que no es lo mismo.

Y así esta Escuela de pringaos nos cuenta como Roger, un afligido controlador de un aparcamiento en la ciudad de Nueva York, en edad laboral, se ve perturbado por sus incesantes problemas de ansiedad, inseguridad y desconfianza en si mismo. Para superar tanta tribulación decide acudir a un curso de confianza personal que imparte el profesor Dr. P, quien usa unos métodos poco ortodoxos, pero que parecen resultar eficaces. Y en ese trance las cosas no ocurren como podría esperarse en principio.

El director Todd Phillips, realizador que se ha distinguido por emprender todo tipo de comedias alocadas y extravagantes, Viaje de pira- dos (2000), Aquellas juergas universitarias (2003), incluso la versión cinematográfica de la famosa serie de televisión Starsky & Hutch (2004), ha acertado a la hora de elegir a sus intérpretes, Joe Heder, a quien recordarán en Patinazo a la gloria (2007) y Billy Bob Thornton, un actor cada día más proclive a la comedia, como pudimos comprobar en Bad Santa (2003) y Una pandilla de pelotas (2005), que también ha triunfado como guionista y productor. Algún espectador más avispado podrá ver en esta película una especie de nueva versión de Un par de seductores (1988), de Frank Oz, que protagonizaron Michael Caine y Steve Martin.

Efectivamente así es si bien Todd Phillips prueba una vez más su habilidad para recrear las clásicas bromas pesadas universitarias, una cierta concepción del lenguaje cinematográfico no siempre estructurado como comedia, un especial cuidado en la creación de personajes y una tendencia a imitar a los grandes clásicos del género, aunque tenga una inclinación irrefrenable hacia la comedia gamberrea y desmadrada, para lo que le ha venido muy bien esta historia sobre ejercicios de autoestima.

Quizás eso suponga el aspecto más interesante de la película.

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