Desaparece la maestra de la danza española estilizada

  • Con Mariemma y Alberto Lorca dejan de existir otros dos eslabones insustituibles en la cadena del baile, tras la pérdida de Pilar López unos meses antes

Al menos en el terreno de la danza, este año bisiesto está demostrando que su mala fama es en verdad merecida, pues si hace tan sólo un par de meses desaparecía doña Pilar López, anteayer lo hacía uno de sus "chicos" preferidos, el bailarín y coreógrafo sevillano Alberto Lorca y, en la mañana de ayer, después de tres años en coma, la gran Mariemma.

Guillermina Martínez Cabrejas, que así se llamaba cuando nació, en la provincia de Valladolid, en 1917, ha sido, además de una bailarina y una coreógrafa de primer orden, una maestra realmente excepcional cuya huella, por fortuna, ha quedado impresa en varias generaciones de bailarines, muchos de ellos aún en activo. Criada en París, en donde vivió hasta los veintitrés años, Mariemma aprendió la escuela bolera antigua con el gran maestro Francisco Miralles -que luego sería director de la Ópera de París- del mismo modo que las danzas regionales, el flamenco, con La Chocolatera y El Estampío, y un poco de danza contemporánea con un discípulo de Isadora Duncan. Todo ello le permitió adquirir una técnica fuera de lo común que, unida a una gran inteligencia y a un rigor extraordinario, la llevaría a dar un paso adelante en la modernización de los códigos existentes creando lo que ella misma llamó Danza Española Estilizada.

Por otra parte, cuando vio por primera vez bailar en París a ese genio creador que fue Antonia Mercé, La Argentina, desaparecida en 1936, supo que, por encima de todo, quería ser su continuadora. Como ella, Mariemma creó danzas a partir de los grandes músicos españoles o internacionales: El amor brujo de Falla, Córdoba de Albéniz, Goyescas de Enrique Granados, el Fandango del Padre Soler, Danza y tronío, con música de Soler y Luigi Boccherini, Diez melodías vascas de Jesús Guridi, etc. Y como ella, universalizó la danza española y flamenca. Durante el largo período de la posguerra española, la bailarina formó parte, además, de ese grupo de artistas españolas, de gran formación y aún mayor valentía, que reclamaron su sitio en una sociedad claramente masculina y le devolvieron a la danza española los más altos niveles de dignidad y reconocimiento.

Tras triunfar en la Scala de Milán junto a Antonio en un Sombrero de tres picos coreografiado por Massine -con el que también bailaría más tarde- y ya en posesión del Premio Nacional de Danza, Mariemma mantuvo compañía propia de 1955 a 1958 y, más tarde, desde 1962, vuelve a refundarla en varias ocasiones aunque, a partir de 1969, año en que es nombrada profesora de la Escuela de Arte Dramático y Danza de Madrid, su labor pedagógica, ya iniciada en una escuela propia, abierta en 1960, será el centro de sus actividades, impartiendo cursos y dando conferencias en las universidades más prestigiosas de Europa y América.

La gran bailarina, que recorrió decenas de países con su baile, visitando Sevilla con ocasión de los Festivales de España que se organizaban en verano, será enterrada hoy en el Cementerio de La Almudena de Madrid. Poco antes que ella, como se dijo al comienzo, se fue Alberto Lorca, militante en las filas de Pilar López desde 1947 -como Mario Maya, El Güito, José Greco o el mismo Antonio Gades- hasta que una enfermedad lo retiró del baile y le dio la oportunidad de desarrollarse como coreógrafo. Hermosas piezas, como Ritmos, creada para el Ballet Nacional, decenas de programas de televisión y algunas emblemáticas películas, como El amor brujo de Rovira Beleta, llevan su firma. Descansen en paz los dos.

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