Cortegana reivindica su huella en América con dos ilustres antepasados

  • El Ayuntamiento serrano y la Diputación se unen en unas jornadas que se dedican la próxima semana al primer conde de Regla y a fray Alonso Giraldo de Terreros, claves en México y Texas

El estadio Corregidora de Querétaro fue testigo en junio de 1986 de uno de los grandes momentos del fútbol español, con los cuatro goles de Butragueño a Dinamarca en el Mundial. La misma ciudad mexicana, 250 años antes de que El Buitre desplegara allí sus alas, se rindió también al dominio de otro español, el más destacado representante de su sociedad civil. Pedro Romero de Terreros fue uno de los hombres más notables de su época en el continente americano; el más rico del mundo en el siglo XVIII, dicen algunas crónicas. El rey Carlos III le concedió un título, conde de Regla, y fue uno de los mayores contribuyentes para la Corona, con su poderosa influencia económica y social en el Virreinato de Nueva España, el actual México. Fue allí, en aquellos mismos territorios, en la misma época, donde un religioso franciscano, fray Alonso Giraldo de Terreros, primo hermano del conde, ejerció su labor evangelizadora en la frontera norte antes de ser asesinado por los indios comanches, en medio de la lucha tribal con los apaches, que aún hoy reconocen el influjo histórico de su figura.

Ambos ilustres indianos españoles, Pedro Romero de Terreros y fray Alonso Giraldo de Terreros, nacieron en Cortegana, y a ellos dedica el Ayuntamiento serrano, en el marco de la celebración del 525 Aniversario del Encuentro entre Dos Mundos, la primera edición de unas jornadas con visos de continuidad, Cortegana en América, que reivindicará a partir de la próxima semana la huella que dejó el municipio en el continente.

El único marino que hizo junto a Colón los cuatro viajes a América era de la familia Terreros

El destino de los Terreros parece que no era otro que establecerse en los territorios al otro lado del Atlántico, desde que ya en 1492, un marino palermo, Pedro de Terreros, maestresala de Colón, formara parte del viaje descubridor y fuese el único tripulante que repitió junto al almirante en sus tres viajes posteriores a tierras americanas. Ahí empieza la vinculación de ese linaje, enraizado en Vizcaya, con la provincia de Huelva, con un establecimiento posterior en la Sierra onubense, en Cortegana, de donde partieron con distintos cometidos, y en diferente momento en el siglo XVIII, los primos Pedro y Alonso.

De esa historia sabe bien uno de sus descendientes directos, el diplomático Juan Manuel Romero de Terreros, ex embajador de España ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) e investigador apasionado, que ha fomentado durante años el reconocimiento en Cortegana y en España de los dos ilustres indianos, destacados símbolos históricos tanto en México como en el estado de Texas (EEUU).

Juan Manuel Romero de Terreros es el comisario de la magna exposición dedicada en Cortegana al primer conde de Regla, Pedro Romero de Terreros, que se inaugurará el viernes próximo, y autor del libro De la villa de Cortegana en castilla a la ciudad de Querétaro en la Nueva spaña virreinal, biografía de los primeros años (1710-1752) del noble corteganense, también autor de la escultura a fray Alonso Giraldo de Terreros, de casi seis metros de altura, que se inaugurará el 3 de noviembre en el porche de la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, y que será bendecida por el cardenal franciscano Carlos Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla, muy vinculado a Cortegana.

La huella indiana en el municipio onubense es evidente también en el tesoro parroquial del Divino Salvador, a cuyo manifestador hace un guiño el propio cartel de las Jornadas. Fue en 1731 cuando el pueblo recibió el primer envío de plata litúrgica, a cargo del tío materno del noble y del fraile, Juan Vázquez de Terreros, a cuya llamada habían acudido con poco más de 20 años desde Huelva. El segundo envío llegó en 1736 con vasos de orfebrería muy conocidos como parte del patrimonio local.

También forma parte de ese legado indiano la capellanía de la patrona Virgen de la Piedad, erigida en 1741 con la aportación del primer conde de Regla, que eligió la advocación mariana de Chipiona para su título nobiliario y para nombrar todas sus posesiones siguiendo el voto perpetuo que realizó cuando viajaba a Nueva España en el navío Virgen de Regla, que a punto estuvo de naufragar en un temporal en el Atlántico. Es la explicación más probable que apunta su descendiente, aunque la huella, asegura, la dejó Cortegana.

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