Corta presencia andaluza en una feria mejor organizada

  • Arco 2008 empieza una nueva edición con una distribución más clara de sus contenidos · Un pabellón alberga obras modernas consideradas 'clásicas' y otro se centra en los creadores actuales

Comienza Arco 2008 con una débil presencia de galerías andaluzas: tan sólo Rafael Ortiz, en el programa general, y la malagueña JM en la sección Arco 40, dedicada a proyectos de galerías en los que intervengan un máximo de tres autores jóvenes. De las galerías que terminaron emigrando a Madrid, sólo están presentes Pepe Cobo y Juana de Aizpuru. Una de las excluidas, Magda Bellotti, ha decidido mantener el tipo y en su propia sede ha montado un stand off, un stand fuera de la feria, en el que destacan sobre todo un brillante cuadro de Manolo Quejido, un gran dibujo de Antonio Sosa y un trabajo de Miki Leal perteneciente a la serie El estudio del pintor.

La escasa transparencia que presidió este año la selección de galerías contrasta con la notable amplitud y transparencia físicas de las que disfrutan las que por fin lograron concurrir a la feria. Las galerías (no así las colecciones y los proyectos experimentales) cuentan con generosos espacios en los que las obras cobran la distancia e independencia adecuadas.

La distribución de las galerías también es más clara este año. En el pabellón 12 están sobre todo las obras modernas que ya son tenidas por clásicas: un excelente dibujo de Picasso (Scène d'intimité) o una pequeña serie de Liubov Popova (Galería Manuel Barbié), un dibujo y una escultura de Lipschitz, y dos buenos Larry Rivers (Marlborough) y en la Galería Leandro Navarro, dos piezas de Kurt Schwitters y unas esculturas de Baltasar Lobo, en el pequeño formato que les dio su autor, lejos de las reproducciones que se exhiben ahora en Sevilla cuya escala es una falta de respeto para el artista. Algunas de estas galerías, además, quizá por el formato de la obra expuesta o tal vez por la época de las piezas, recuerdan a antiguos espacios expositivos que impulsaban la mirada silenciosa y evitaban cualquier efectismo.

Las obras más actuales están en el pabellón 14. Merecen destacarse las piezas de Imi Knöbel colgadas en Helga de Alvear o el rincón de la galería Carles Taché donde Sean Scully levanta un monumental prisma de piedra delante de los dibujos previos a la escultura. Bernardí Roig presenta en Max Estrella una instalación (Repulsion Exercise) que hace pensar en nuestra proclividad casi masoquista a soportar discursos agresivos. Perianes, un joven artista gallego, reflexiona en Ad hoc sobre la naturaleza: sus animales (pájaros, pulgones, escarabajos), pacientemente construidos, logran crear su espacio carcomiendo los propios paneles de la galería. Añadamos a estas obras las de Alex Katz, Clemente, Peter Halley y José María Yturralde en Gering and López, un bello e inusual Tàpies en Soledad Lorenzo, una obra de Rogelio López Cuenca, en Juana de Aizpuru, que combina fotografía y vídeo, una austera serie de cuadros negros de Jordi Teixidor en Antonio Machón y los sugerentes paisajes urbanos de Gabriele Basilico en la galería Oliva Arauna.

La presencia del país invitado, Brasil, es quizá más importante fuera que dentro de la feria. Aquí interesan especialmente dos galerías: Fortes Vilaça y Vermelho/Gentil Carioca. En la primera, una pieza de José Damasceno (láminas de plástico sobre papel milimetrado) parece conjugar el espíritu mínimal con la tradición del arte objetivo brasileño de los cincuenta. En esa misma galería, Los Carpinteros, tres autores jóvenes cubanos (residentes en La Habana) que, sin cumplir los cuarenta ya han expuesto en el MOMA: aquí demuestran que saben cómo crear espacios. Renata Lucas expone en la segunda galería citada una sugerente serie fotográfica sobre arquitecturas. No necesita grandes formatos: las pequeñas fotos de espacios vacíos en los que alguna vez aparece o se adivina un animal conectan perfectamente con el título: Con ruido de fondo. En esa misma galería una divertida obra de Paulo Nenflidio: un mueble, que recuerda a las viejas radiogramolas, incorpora numerosos altavoces y lleva escrita la palabra Oráculo, junto una ranura: una moneda, y el oráculo habla. Sólo que lo hace en una rara fusión de inglés y portugués. Ininteligible. Como cualquier oráculo que se precie.

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