La Coral Santa María de la Rábida deslumbra en la Peña Flamenca

  • La agrupación dirigida por Antonio Ángel Ligero triunfó en el viernes peñero con un repertorio en el que la música clásica se fusionó con el flamenco

En la noche del viernes una peña repleta de público recibió con ilusión la llegada de la Coral Santa María de la Rábida, dos entidades que a decir del presidente de la flamenca, Eduardo H. Garrocho, tenían el mismo tiempo, cuarenta años. El presidente dio la bienvenida a esta emblemática coral, de la que forma parte como solista, a sus compañeros y compañeras y en especial a su director Antonio Ángel Ligero, cordobés afincado en la ciudad de Huelva desde hacía muchos años. Un artista que anteriormente había formado parte del no menos emblemático grupo de Jarcha, de nostálgicos recuerdos. Destaca su trayectoria, además, por la labor investigadora que en tantos años ha realizado rescatando cantes que son más tonás que canciones y llevando el nombre de Huelva por todo el mundo. Su gran mérito personal ha sido conseguir que la música clásica se meta en otras músicas con las que logra fusionarse, con las dificultades que entraña esta innovación.

El director Antonio Ángel Ligero subió al escenario arropado por su coral, compuesta por unas veinticinco personas, ataviadas con los trajes típicos de sus respectivos pueblos. Muy colorista resultaba el grupo, con las indumentarias tradicionales de La Puebla de Guzmán, El Cerro del Andévalo, Encinasola, Almonaster, etc. Presentados sus compañeros, el directó explicó el afán de una actuación que perseguía la fusión clásica con el flamenco, distinguiendo las diferencias entre las músicas, clásicas, tradicionales, flamencas y populares. El estudio de las danzas tradicionales de la provincia de Huelva, se vivió con sus bailes correspondientes. En este largo periplo la agrupación ha recorrido casi todo el mundo, países latinoamericanos como Puerto Rico, Argentina, así como muchos europeos, Portugal, Italia, Bélgica, Italia, Holanda, Francia, etc.; en definitiva más de 2.000 actuaciones.

A lo largo de la noche interpretaron un popurrí de canciones populares, presentando, además, sus últimas adquisiciones. El numeroso público que llenaba la sala estaba expectante, ya que no es muy usual que un viernes peñero suba al escenario una coral, y con el transcurso de la noche las dudas que algún cabal pudiera tener, fueron disipándose ante la maravillosa actuación que fueron deparando cada vez mejor. El grupo hizo un recorrido de canciones típicas o también llamadas tonás, como las del Toronjil, de Cumbres Mayores, la del Pandero, de Encinasola, para pasar a modificaciones de Federico García Loca, como Anda Jaleo o el Romance de los Peregrinos, dándole un compás de bulerías por soleás. Paso a sevillanas boleras, gaditanas afrancesadas, con una pareja de bailaores que hicieron que los aficionados aplaudieran en varias ocasiones. Destacó la brillantez de los palillos en las manos del director, Antonio Ángel, los cuales sustituyen perfectamente la batuta tradicional de los conciertos.

Se iba entrando en calor, y aunque hubo problemas de sonido, ya que el piano no llegaba con la fuerza que debiera, pero compaginándose con la guitarra se paso a la copla, y La Zarzamora, fue la elegida, siendo coreada por el público. Lo mismo pasó con el himno de Huelva, que a decir del director, de Antonio Ángel, muchas veces el político y el pueblo por van sendas distintas, refiriéndose a La Punta el Sebo, Levanta y Mi Huelva, tiene una ría, que en la soberbia voz del presidente de la Peña Flamenca, acompañada por el fondo de toda la coral, y la participación de socios y amigos allí congregados, tarareaban o cantaban nuestro himno de siempre.

No podía faltar su alusión al Rocío, y cuenta el director que había muchas letras a la Virgen pero no al Niño, motivo por el cual compuso una Nana rociera al niño, desconocida hasta entonces. Gustó mucho, al igual que la Salve Rociera, completamente distinta a la que hace cualquier coro rociero de los muchos que hay. La habían engrandecido, y en cierta manera recordaba al Mesías de Haendel o al Ave María de Gounod o de Schuberts, con más profundidad y sentimiento.

Terminó la actuación de esta extraordinaria Coral Santa María de la Rábida, con el público puesto en pie y aplaudiendo durante varios minutos, no sin antes solicitar al maestro de la Coral, Antonio Ángel Ligero, estampase su firma en el libro de honor de la entidad, al igual que a algunos de los componentes del grupo como Nicolás Muñoz Contreras, conocido como Nico para sus muchos amigos y compañeros.

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