Contrabandistas por la Sierra

  • Aroche se convirtió tras la Guerra Civil en la capital del estraperlo por su cercanía a Portugall ruta de estraperlo Rafael Maestre fue desde los 13 años uno de los contrabandistas que se ganaba la vida con el comercio clandestino.

Rompiendo jara, sorteando baches, desafiando el cansancio y derrotando al miedo, decenas de contrabandistas recorrían largos tramos de sierra para comprar productos en Portugal y venderlos a la hambrienta España de la posguerra. Alimentos de primera necesidad eran transportados en las espaldas de estos hombres de la noche, que encontraban en el frío y la lluvia sus mejores aliados para esquivar la mirada de guardias, que esperaban atentos susurros que revelaran la presencia de los que vuelven cansados de tierras extranjeras.

La situación geográfica de Aroche, muy cercana a la frontera portuguesa, motivó que el final de la guerra y la autarquía decretada en España convirtiera en un negocio próspero el estraperlo. Muchos de los vecinos de la localidad encontraron en el contrabando con Portugal el mejor medio para ganarse la vida. Uno de ellos es Rafael Maestre Maestre, que con sólo 13 años comenzó a recorrer los escarpados terrenos en la compañía de su padre, un contrabandista valiente y arriesgado que enseño el oficio a sus hijos desde que eran muy pequeños.

"Cuando comencé sólo podía cargar 15 kilos que llevaba sobre mi espalda, después podía traer hasta 30, aunque la carga variaba dependiendo del dinero que podíamos invertir en la compra", recuerda Rafael. Aunque la mayor parte de los casi cuarenta años que ejerció este comercio clandestino, transportó el alimento sobre sí mismo, en la época final, casi al fin de la dictadura, pudo contar con burras o mulas que le permitían transportar más de 70 kilos.

En los primeros años de la posguerra la harina y el pan suponían su principal fuente de comercio, que después se dedicaría exclusivamente al tráfico de café.

Largos y complicados eran los caminos que emprendía Rafael junto a sus compañeros en los viajes, ya que normalmente los realizaban en grupo, muchas veces incluso superando la docena. El camino de la Contienda o el de Sierra Pelada eran algunas de las rutas emprendidas, que siempre tenían un denominador común, la dificultad de su recorrido, ya que no existían pistas ni carriles, lo que hacía que en muchas ocasiones siguieran las trochas hechas por las cabras, acontecimientos que narra Rafael mientras señala hacía la entrada de uno de estos senderos.

La noche su mejor aliada y el pueblo portugués de Barrancos su principal mercado, en un comercio que tenía a toda la serranía como cliente. Cortegana, Almonaster la Real o El Repilado eran recorridos por Rafael para llevar mercancía, en viajes que podían durar hasta seis días. También, vendía en otras localidades más lejanas como El Cerro, El Campillo o Zalamea la Real.

El riesgo es la principal característica del contrabando, Rafael Maestre recuerda decenas de historias en las que ha sido sorprendido por la guardia civil mientras transportaba algún cargamento, "en cuanto notábamos su presencia soltábamos la mercancía y echábamos a correr, pues lo principal era que no te detuvieran, yo me salvaba gracias a que tenía pies ligeros". Especialmente significativo es para este vecino de Aroche la noche de verano en la que detuvieron a Vidal, un compañero suyo que tuvo el infortunio de ser detenido en los campos de 'Monteblanco' con un cargamento de café, "había una enorme luna llena, escuchamos el alto de los guardias y yo pude correr, Vidal fue encarcelado y recibió palizas para que revelará mi nombre, pero siempre se mantuvo en silencio diciendo que no me conocía, me salvó, pues querían ir a por mi, él moriría en la cárcel", recuerda Rafael con pesadumbre.

Hoy Rafael, a sus 79 años, habla de esos años con cierta nostalgia, "era un trabajo duro, pero se echa un poco de menos". Lo cierto es, que el contrabando le permitió alimentar a su familia en un momento en que el panorama laboral era muy crudo. Con el fin de la dictadura, Rafael se dedicó a trabajos forestales o agrícolas, hoy dedica la mayor parte de su tiempo a su hija María Ángeles.

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