José Luis Rodríguez. Guitarrista

"Componer es tirarte al vacío y descubrir emociones que se convierten en música"

  • El músico onubense se marcha el mes que viene a Estados Unidos, donde se establecerá durante un año para girar con tres proyectos musicales: 'La mujer en el mar', 'Luna de New York' y 'Sevilla mon amour'

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-En octubre nos deja para afincarse en Estados Unidos. ¿Qué le ha empujado a marcharse?

-En primer lugar, que voy a retomar dos proyectos que estaban en el limbo: uno con la cantante cubana Gema Corredera, afincada en Miami, titulado La mujer en el mar e inspirado en los poemas de la argentina Alfonsina Storni; otro con músicos de jazz neoyorquinos que están trabajando con una cantante africana, llamado Luna de New York. En segundo, la crisis. Todo aquí está muy mal, tengo menos conciertos de los que debería y voy a aprovechar mis contactos allí. También me llevaré Sevilla mon amour, donde baila mi mujer, Niurca Márquez.

-Entiendo entonces que, al margen de los proyectos artísticos, se trata de un exilio obligatorio.

-La situación para los instrumentistas en España en este momento es bastante complicada. Desde hace dos años quiero dedicarme a mi música y la coyuntura me obliga a estar acompañando a artistas. Eso no me interesa ahora. Me iré un año. Pediré la residencia, ya que mi mujer es estadounidense, de ascendencia cubana. Ya tengo conciertos pactados y contactos en México y América Latina.

-¿Gusta el flamenco en el país de las barras y las estrellas?

-Muchísimo. Pero hay diferentes tipos de público: uno muy tradicionalista, que conoció el flamenco de los años 60; otro más acostumbrado al flamenco estereotipado de la década de los 70; y otro más especializado que está al día de lo que es el flamenco. Para mí, cualquiera es interesante. Cuando preparo mis conciertos no pienso en que el público sea flamenco ni me limito a moverme sólo en los circuitos de conciertos relacionados con este arte. Siento que mi música puede tener cabida en cualquier tipo de evento cultural.

-Le gustan desde la música clásica al rock sinfónico, pasando por los sones étnicos. ¿Hasta qué punto le influyen como compositor?

-Mi adolescencia estuvo muy marcada por Pink Floyd y Queen, un rock particular  que tiene mucho de sinfónico y entronca con la música clásica, que me pasé horas escuchando con un amigo en mi adolescencia. La música suramericana también me influyó, como la new age. Todo esto está en mi coctelera, claro está, es parte de mi equipaje.

-Esos instantes de disfrute ante el equipo de música parecen haberse quedado en el olvido con toda esta parafernalia del mp3.

-Es una reflexión que todos deberíamos hacer. Ya no nos paramos ante el equipo de música simplemente por el placer de escuchar un disco de nuestro artista favorito. Ahora vamos con los iPod y los mp3 por la calle escuchando canciones de tres minutos y zappineando por ellas. No terminamos de escuchar nada. Estamos en el mundo de la prisa. Eso genera mucha impaciencia y poca cultura musical, ya que crea una especie de música de fondo que usamos para correr o para relajarnos, pero no para escucharla y que nos llene de emociones. La utilizamos como algo funcional.

-Una situación que con la música instrumental se complica todavía más, ¿no?

-Claro. Por sus características, hay que prestarle más atención. Sin embargo, creo que esto de los mp3 es una moda que pasará, como todas.

-¿Qué le inspira para componer? ¿Sigue algún ritual?

-Hago meditación japonesa budista desde hace tres años, pero para componer me guío por mi intuición. La composición pura y dura es tirarte al vacío, ver en tu interior y descubrir emociones, ideas y sensaciones que te llenen y, de repente, se conviertan en música. Ésa es la alquimia de la composición.

-Ha acompañado a la guitarra a Paco Toronjo, Carmen Linares o José Mercé, entre otros muchos. ¿Se le ha quedado la espinita con alguna figura del flamenco?

-Con Enrique Morente, pero nunca se sabe. Desprende sabiduría cuando canta. Su voz siempre me ha gustado por su tristeza y profundidad tan personal.

-Si le digo Niño Miguel, ¿qué me cuenta?

-Pufff. Te diría cariño. Para mí Miguel fue algo más que el guitarrista. Lo conocí cuando era un niño y mi padre trabajaba en el psiquiátrico de Huelva. Jugaba con él sin saber que me iba a dedicar a tocar la guitarra. Toqué con él a principios de los 80 en la Peña Flamenca. Nunca me dió clases. Nos juntábamos en los camerinos y era un guitarrista guerrillero. Tenía que estar a su altura. No tenía compasión, no daba cuartel. Te obligaba a estar ahí y eso me enseñó mucho. Hay algo en su forma de tocar que es como un grito que a mí siempre me remueve el alma, con tanta fuerza que me impresiona. Todo ese aprendizaje que he podido tener, eso de rebelarme desde adentro, creo que me lo ha impregnado él sin darme cuenta.

-¿Regresará a Huelva?

-Sí. Llevo cuatro años viviendo en Sevilla, pero cuando regrese de EEUU me compraré una casa en El Rompido, en Punta Umbría o en la capital. Necesito estar cerca del Muelle de Riotinto, de rincones que me hacen desconectar y recargar pilas, y de mi gente.

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