Cine ruso

Salón de Actos de la Fundación Caja Rural del Sur. - T.O.: 'Dlya dvoikh vokza'. - Producción: Rusia, 1982. - Duración: 141 minutos. - Dirección: Eldar Riazanov. - Guión: Emil Braguinskly y Eldar Riazanov. - Fotografía: Boris Blanik. - Música: Andrei Petrov. - Montaje: Valeriya Belova. - Intérpretes: Ludmila Gúrchenko, Oleg Basiliashvili, Noona Mordiukova, Mijail Kononov, Anastasiya Voznesenskaya, Aleksandr Shirvindt, Olga Volkova.

Esta película constituyó todo un éxito de taquilla en la Unión Soviética en 1983, con casi treinta y seis millones de dólares de ingresos en taquilla. Se proclamó ganadora del Festival de Cannes de ese mismo año. El mayor mérito de la misma, a mi modo de ver, y que le ha dado mayor relieve en la consideración de la misma, además de acreditar la calidad de ese tipo de cine cultivado en ese tiempo en el país soviético, es el equilibrio entre el tratamiento popular del tema y el puro arte cinematográfico, sin que falten detalles poéticos, estéticos, algunos de singular belleza expresiva y el humor negro genuinamente ruso.

Tres personajes son los auténticos protagonistas de esta historia: Vera, la camarera; Platón, el pianista, y la estación de tren, escenario de los hechos, por lo que uno no puede menos de recordar, aunque el tema sea distinto, la inolvidable Stazione Termini (1953), de Vittorio de Sica. Pero las circunstancias son otras. Como diversos son los perfiles personales de estos personajes, diferentes las profesiones y encontrados los sentimientos..

Platon Ryabinin se dirige en tren a un pueblo lejano, Griboedov, para visitar a su padre. Durante una parada de veinte minutos en Zastupinsk para comer, conoce a Vera en el curso de un incidente con intervención policial. Platon se niega a comer y a pagar la comida repugnante que le han servido y pierde el tren. Andrei, el novio de Vera, le ha robado la cartera. Es detenido por la policía y Vera se entera de que Platon está a punto de ser condenado y conducido a una prisión en Siberia por un accidente de tráfico del que es inocente. Pero entre Platon y Vera surge una cierta atracción sentimental.

Una serie de situaciones entre dramáticas y divertidas se concitan en los acontecimientos que el director Eldar Riazanov nos presenta con singular naturalidad, alejándose de expresiones más habituales en la cinematografía soviética de aquellos años. De las primeras imágenes sombrías, inquietantes y absolutamente dramáticas del gulag, pasa, tras los créditos a las secuencias desenfadadas, grotescas y divertidas del restaurante, donde todo adquiere un tono de comedia, abundando en secuencias que propenden a la jocosidad. Junto a los destacados personajes, Platón, el pianista, y Vera, la camarera, una tercera protagonista llama la atención de espectador: es, sin duda, la propia estación, con la presencia del tren un elemento siempre tan cinematográfico.

Ese sutil trasunto entre el contenido más triste y el más alegre, es el que mejor expresa los méritos del film a favor de su realizador, Eldar Riazanov, que logra del espectador una permanente sonrisa entre complacida y cómplice. Excelente interpretación en especial de los protagonistas.

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