Cayetano, a caballo entre palacio y portadas

En sus más intensos tiempos ecuestres se le relacionó con la infanta Elena. Un pábulo que fue lanzado por aquellos que añoraban una monarquía cortesana. Cayetano Martínez de Irujo siempre fue un buen partido, cuando era un personaje sólo de revista y no un asediado por las cámaras de los aeropuertos. La campechanía de los hijos pequeños de la duquesa, y de la propia madre, se trocó en una familiaridad mal interpretada y el carácter de Cayetano se vio envuelto en complicaciones innecesarias. Los vaivenes sentimentales del jinete se convirtieron en portada y entradilla. Y una portada encamada dio al traste de su relación con Mar Flores, cuando Cayetano veía la vida a través de la gota de un almíbar. Su boda con Genoveva le trajo estabilidad e hijos hasta que aquello se enrareció. Y en estas, cuando debía estar contenido, le apareció, en una noche de pasiones de adoquín, Amina. Una rana de portada de lengua larga.

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