Castro Crespo levanta la batuta de sus pinceles recorriendo los teatros

  • 'Symploké' es la exposición que inaugura hoy en la sala de la Fundación Caja Rural La música le lleva a los espacios escénicos en los que se llega a vibrar con su cromatismo

Juan Carlos Castro Crespo vuelve con la música y lo hace con toda la fuerza cromática y creativa de sus pinceles. Ahora es Symploké. Así titula la exposición que estará abierta hasta el 9 de marzo en la sala de la Fundación Caja Rural del Sur, en la calle Mora Claros. La inauguración es hoy lunes a las 19:00.

"Symploké es una definición griega, concretamente de Platón. Es un ensamblaje de ideas que funcionan como tal, pero también como obras singulares; en la función de conjunto, una idea es la que lleva a la otra", dice Castro Crespo.

Todo comienza con una idea de exposición para Lisboa, era la música y ahora son los espacios escénicos, que le lleva al teatro y a la ópera. "Es una idea en la que trabajo y de ella me lleva a la otra. Ese es el concepto de symploké -añade-. Juan Antonio Márquez se fijó en esto y me agradó, de ahí el título de la exposición".

"Me gustó la palabra por rotunda. Tenía algo de misterio y busqué para enmarcarla un escenario con intriga". Un marco antiguo, negro, con una especie de telón que enmarca la palabra: Symploké. "Estará a la entrada y nada más acceder se va a desvelar la música, es el trabajo de un año", revela el pintor.

Hay muchas cosas, "desarrollo conceptos nuevos, sin dejar mi lenguaje plástico. Disfruto mucho en el estudio, lo vivo intensamente. La música me emociona, no soy entendido, pero sí me encanta dejarme llevar. Eso es lo que quiero trasmitir en cada obra plástica".

Cada trabajo tiene un momento creador en el artista. "Quizás no advierta el espectador que es Mozart lo que se escucha en ese cuadro. Si le digo que es el Réquiem dirá que sí, por el negro o la seriedad de la imagen; lo importante será lo que le trasmita, hay algo que le emocionará".

Esta etapa de la música en la obra de Castro Crespo comienza con el encargo para una exposición en el Instituto Cervantes de Lisboa. Es el punto de arranque para una exposición que nacía con vocación de itinerar por Europa. "Pensé que lo mejor era utilizar un lenguaje musical de lo más clásico. Ocurre que con los recortes todo se fue al traste y se quedó en Lisboa". El proyecto no lo tiene cerrado y espera que pueda recorrer alguna de las grandes ciudades europea como en su momento tenía previsto, porque "es una exposición atemporal, deslocalizada, porque es hija de la música, es un lenguaje común para toda Europa".

La exposición en esta nueva visión creadora tiene como punto de partida Huelva. Es un empeño personal, incluso asumiendo el costo de todo lo que necesita la obra para ser expuesta. La Fundación Caja Rural del Sur ofrece su interesante sala en Mora Claros. Lo que no oculta el artista es que le gustaría que en este mes pudieran pasar por aquí músicos del conservatorio e interaccionar con la obra plástica ofreciendo algún pequeño concierto.

Desde que Juan Carlos Castro levantó la batuta de sus pinceles la obra estuvo expuesta durante tres meses en Lisboa. Luego pasó al teatro Felipe Godinez, en Moguer; y recaló en el centro cultural de Punta Umbría. La última vez que su música salió del estudio era para una exposición en el instituto La Rábida, donde fue estudiante. Supuso para él un encuentro especial de sus pinturas con alumnos y profesores.

En esta ocasión la obra es toda nueva. Sólo mostrará tres cuadros que proceden de la colección anterior, "el resto es estreno". Entonces transportaba la vibración de la música, ahora es el espacio escénico, abiertos como jardines u otros cerrados, es el caso de teatros, catedrales e iglesias. Castro Crespo deja una idea bastante clara: "Todo los espacios son inventados, no son reales, eso sería lo fácil; el disfrute es la creación del lugar". Cada uno nació de sus pinceles en el momento que escuchaba música. Hay teatros vacíos, otros en los ensayos y llenos de público; incluso se llega a sentir la vibración que recrea el espacio, entre músico y espectador. Aunque esta vez no sólo son conciertos de música, sino representaciones teatrales y ópera. En sus cuadros hay una ventana plástica para La Traviata y Aida de Verdi, La flauta mágica o Requiem de Mozart, también para El anillo del Nibelungo de Wagner y "las arias que machaconamente escucho, todo da por resultado una pintura completamente nueva".

Hay una serie dedicada a Rostropovich, al que el pintor conoció en su concierto en Huelva para la reinauguración del Gran Teatro, en 1990, con la presencia de la reina Sofía. Le habían obsequiado al músico con su obra gráfica Hombres de Huelva y recuerda "su mano grande al estrechar la mía".

Juan Carlos Castro se deja ver en alguna obra. "Es compositiva, no quiere ser biográfica. Necesitaba una fotografía en blanco y negro y cogí una que tenía mía. No está en venta, es para Charo", dice sonriente.

A partir hoy, descorran la cortina del teatro y sumérganse en la obra de Castro Crespo, sentirán la música. Y cómo todas las ideas van de la mano. Symploké.

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