Castro Crespo desparrama su arte en una triple exposición

  • Un nuevo reto del artista sobre técnica mixta en la que la base es la tinta china · La obra desborda con propuestas atrevidas que las dota de personalidad · Es un recorrido por lo más actual de Huelva

La obra de Juan Carlos Castro Crespo se desparrama por la ciudad, sus ríos de color y arte fluyen no sólo en una, sino en tres exposiciones, que se unen como un triángulo que atrapa, que imanta por esa fuerza que gravita en él. El arte se deja ver en sus obras, donde vuelve a sorprender por su gran diversidad de materiales, por las distintas series artísticas que ofrece, que aun siendo muy diferentes entre ellas tienen siempre el hilo conductor, el discurso de una misma mano.

Este encuentro de Juan Carlos Castro con el público de Huelva tiene una excusa, los cuarenta años de su primera exposición. Ahora lo hace en tres salas distintas, dos del Colegio Oficial de Arquitectos, en las que expone sus colecciones 'Perdone que le de la espalda', compuesta a su vez por dos series, una en la que el pintor muestra escorzos de personas con tatuajes y otra titulada 'Hennas', conformada por cuadros en los que se muestran manos que parecen estar tatuadas con esta sustancia. La tercera exposición es la que se encuentra abierta en la sala de la Caja Rural del Sur, en la calle Mora Claros, es la colección 'Paralelas a mano alzada', una serie en la que ha empleado tinta china y una serie de técnicas mixtas, en la que Castro Crespo trae legajos y rostros influenciados por las caligrafías asiáticas.

La obra de Juan Carlos Castro Crespo está llena de modernidad, de vanguardia y, sobre todo, de autenticidad del artista que se pone delante de un lienzo. Su triple exposición es una muestra más de ese abanico de posibilidades que tiene el artista, las muy diversas series, que estando en tres salas distintas con temática diversas se capta en ella la fuerza de un mismo lenguaje, el de Castro Crespo.

Sus contemporáneos lo ven con esta fuerza. Pepe Baena Rojas lo sitúa en Huelva como un artista rompedor. "Atesora, con naturalidad, los ecos y los olores -de salitre y fango- de las marismas huelvanas y caza furtivamente los colores ocres de los cabezos del Conquero, en un marinaje casi mágico con la luz última del atardecer". Pero Baena sentencia, "Crespo marca una frontera en el quehacer pictórico onubense; a partir de él se conecta la mejor tradición artística de esta tierra con las últimas corrientes de la vanguardia, marcando un antes y un después". Sus espaldas ofrecen un especial juego visual en el que se puede adentrar el público. Este 'Perdóneme que no le de la espalda', juega con aquella frase de "perdóneme que no me levante" de Groucho Marx. La gente cuando llega a la sala y ve escrito "estoy hasta los cojones de los fosfoyesos", se sorprende y conoce algo más del artista. Aunque Juan Carlos Castro se desvive enseñando y dando a conocer muchos de sus secretos empleados en sus cuadros, él disfruta; será su 'deformación profesional' como maestro, pero todos lo agradecen.

Aquí utiliza el grafismo, todo son tintas chinas , a veces son chorros y a aparece ese grafismo, es una casualidad controlada. En su obra hay que detenerse en esos juegos de planos, es un divertimento más al margen del concepto de la obra. Ahí están también los efectos de las luces que conjuga con todo lo que transpira de estas espaldas.

Jorge Arévalo asegura que Castro Crespo representa una referencia para muchos de los artistas onubenses de las generaciones recientes. Su envidiable habilidad, su impronta de limpieza, sus imágenes directas, su caos perfectamente ordenado da lugar a que para los noveles sea una verdadera incitación a la práctica creativa, siendo su propia obra el acicate que, sin intervención directa del autor, despliega su didáctica de la atracción".

En cada una de estas espaldas va creando en el aire una historia, en algunos con una pequeña fotografía en su esquina, es como un pasaporte para hilvanar unos contenidos plásticos para que la gente pueda poner la imaginación. Hay incluso escorzos en los que uno se pueda ver de viejo, por eso es otra historia. Hay hasta cuerpos envueltos o creados sobre escrituras públicas, donde el artista ver las posibilidades del artista, con el efecto del papel deja unos claroscuros sin necesidad del color. En su afán de investigar hay hasta una sigilografía en madera tallada que después ha pasado por el tórculo.

Juan Carlos Castro muestra también las manos en la serie 'Hennas', unos tatuajes. Rafael Delgado dice que desde que el mundo es mundo el tatuaje ha sido una práctica que encamina a su portador a sentirse especial, hay algo en ello ancestral que tiene que ver con el sentido religioso y la magia... Puede que este estudio sobre la piel y el arte en tinta china por si solo hable al espectador interesado en el detalle primordial de qué somos y qué lectura tiene cualquier símbolo en nuestra epidermis que nos hace en cierto modo, diferentes".

De aquí a la sala de la caja Rural del Sur, donde el artista ofrece sus 'Paralelas a mano alzada', sin duda una muestra más de las habilidades artísticas de Castro Crespo, de cómo llegar a jugar con la materia y a crear las ilusiones que a muchos le despierta y le desvive en la obra de un artista vigoroso y en pleno vigor.

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