Castro Crespo, a contracorriente

  • El pintor onubense acerca una obra fresca y joven bajo el título de 'Miscelánea' · Sorprende por la variedad de temas de diferentes series artísticas que ahora se concentran en tres salas del Museo

Juan Carlos Castro Crespo se ha instalado por dos meses en el Museo Provincial de Huelva y aunque la suya es una exposición amplia y ha necesitado de una tercera sala se ve que de este artista hay mucho más, podía haber aún más y no cansar en la visita a su exposición.

El pintor lo ofrece todo, pero no ha querido que fuera una antológica como fue el ofrecimiento de los organizadores, Junta de Andalucía, Cepsa Refinería La Rábida y Autoridad Portuaria de Huelva. Es una exposición con toda la frescura que el suele impregnar a sus obras, como si estuvieran hechas ahora mismo y es que algunas estaban acabadas en el mismo día de ayer.

Color, fuerza, alegría y mucho de imaginación y, sobre todo, de creatividad. La obra de Juan Carlos Castro Crespo es eso y mucho más, sino pasen y vean lo que hay en el Museo de Huelva. Es una ocasión para el gozo de los sentidos. Es una exposición "a contracorriente", como el mismo artista lo define. El está ahí en su estudio y sabe captar con un análisis bien definido lo que pasa a su alrededor, con ojos que miran más allá de pincelada. Reconoce que a veces su obra tiene una y mil capas, si se le hiciera un corte estatigráfico se puede conocer cuántas veces ha estado ahí sobre el mismo trabajo. Gusta de trabajar todos los días, de mancharse las manos hasta conseguir lo que quiere, de no descansar, de encontrar en la noche la gran aliada para enamorarse en su estudio con el papel en blanco y disponer de él con miles de matices y de colores. Su juego con la forma y la materia le hacen único en un estilo esencial dentro de la pintura de Huelva. Huelva, sí, una suerte que el pintor haya querido quedarse aquí, suerte para nosotros aunque seguro que la obra hubiese volado aún más alto. Pero no importa, ha conseguido lo que quería, sentirse feliz haciendo lo que el define "mi santa voluntad", sencillamente "lo que me da la gana".

Pues no tiene compromisos con nadie, ni con galerías ni con corrientes artísticas ni mucho menos con caminos que no gustan recorrer. Juan Carlos Castro se muestra en su obra, en la que está en el Museo, como hombre libre que aunque domina el trabajo que muestra, se siente que lo respeta y que busca aun más, mucho más. Y lo consigue esta Miscelánea, es muestra de paciente trabajo. La ha dividido en la figura, paisaje, bodegón, interiores, animal de fondo, tauromaquia, estudio, lo social y colecciones. Se puede disfrutar mucho por los muy distintos temas que ofrece, con unas paredes llenas de colorido y fuerza expresiva. Se puede ver lo personal de su obra y el constante trabajo de búsqueda de temas con los que no deja indiferente a nadie. Junto a la obra se muestra otro trabajo de Juan Carlos Castro como es la obra gráfica, publicaciones y estudios de investigación plástica como sus 3.000 años de paisaje en Huelva.

El pintor se sintió ayer feliz con las salas del Museo a rebosar y se dirigió a los amigos. "No tengo palabras, no me quedan más después de tantas cosas expresadas en estas paredes", dijo. Y continúa pintando, de manera constante, "la última le decía a un amigo que la he hecho después de comer, es un poco de vicio, a Charo la tengo desesperada".

Reconoció que "ser pintor es una forma de vivir", aunque "hay quien no lo entiende y dicen que lo que tienen es la cabeza llena de pajaritos y yo me tengo que callar porque quizás sea cierto". Para el pintor "trabajar en Huelva es muy duro, te encuentras sólo pero gracias a los amigos que te dicen venga para adelante y continúas". El, que tuvo la oportunidad de elegir lugar después de obtener la plaza de catedrático, prefirió "vivir y sufrir en Huelva", "pero tengo montones de amigos y una plataforma para la libertad que es la pintura", sentencia. Castro es del que le pone "mucha pasión a mi obra, eso es lo que quiero, para que motive y emocione".

El escritor Rafael Delgado puso su palabra poética en una sala impregnada de creación plástica. Supo conjugar palabra y pintura, al fin de cuentas son expresiones distintas que buscan lo mismo. Habló de una obra constante, que aúna sentimientos, que vive frente al mar, entre los esteros y las montañas de sal con el Conquero de fondo, de conchenas, un paisaje de la vida con una mirada a la ciudad, del barro amarillo de la creación... Elogió así "el nombre azul de Juan Carlos Castro Crespo".

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