Castilla del Pino estudia las raíces de la conducta en un libro póstumo

  • El psiquiatra, fallecido en mayo, analiza en 'Conductas y actitudes', publicado por Tusquets, las claves antropológicas del comportamiento humano · La obra contiene textos revisados y algunos inéditos

Las raíces antropológicas de la conducta constituyeron uno de los temas de estudio más estimulantes para Carlos Castilla del Pino. Así se manifiesta en el libro Conductas y actitudes, una de las novedades de la editorial Tusquets para este mes. Un ensayo de 280 páginas en el que el psiquiatra gaditano, fallecido el pasado mayo, añade nuevas conquistas a su proceso de disección del ser humano desde el punto de vista psicológico, reflejado en textos tan luminosos como El odio o Teoría de los sentimientos.

La obra está formada por artículos aparecidos en anteriores publicaciones que fueron revisados y reelaborados íntegramente por el autor pocos meses antes de morir y tres textos de carácter inédito.

El autor de Casa del Olivo parte de la idea de que toda conducta se produce siempre en función de un contexto y una actitud concretos. La actitud es el factor afectivo-emocional que modula la conducta y la transforma en la singular respuesta de cada uno de nosotros ante una situación determinada. Este triple eje -actitudes, actuaciones y conductas- hace aflorar un rasgo fundamental del sujeto: su esencial inestabilidad, el hecho de estar en un proceso constante de construcción y deconstrucción con el que se adapta a cada contexto.

Esta oscilación entre la versatilidad de la conducta humana y la necesidad de conquistar una identidad reconocible permite al psiquiatra explorar el complejo entramado de actitudes y formas de conducta tipificadas, por ejemplo la envidia, los celos, la mentira, la suspicacia, la ironía o la extravagancia, las cuales nos ayudan a enfrentarnos al mundo y a presentarnos como sujetos en diferentes situaciones. Y si la psicología reconoce la mutua interacción entre los aspectos cognitivos y emocionales que nos caracterizan, la antropología (en la estela de autores como Cassirer, Simmel, Weber, Dilthey o Jaspers) descubre al actor y el personaje que somos y que construimos en nuestras interacciones sociales. Así lo plantea el sanroqueño.

Castilla del Pino vuelve a una materia que centró su atención a lo largo de muchas décadas de estudio. A las raíces antropológicas de la conducta, destaca la editorial Tusquets, dedicó "una investigación siempre orientada a dar con una idea del hombre que no renuncia a acudir a las respuestas de la filosofía o la tragedia griegas ni a la explicación de la conducta humana sugeridas por los grandes novelistas y dramaturgos".

"La mirada -escribe Castilla del Pino- es tan fundamental que se sabe, por las filmaciones de sujetos en interrelación, que una mirada fija, no versátil, que se posa sin despegarse sobre el rostro del interlocutor, es algo así como un allanamiento de nuestra morada interior, porque nos perfora en busca de nuestra intimidad. Una mirada de esta índole se elude porque se teme, se considera indiscreta..., como la de alguien que mirase a través del ojo de la cerradura lo que hacemos en nuestro espacio más privado. Por otra parte, el que nos mira fijamente nos sujeta, impidiéndonos la versatilidad de nuestro rostro, que es la expresión de nuestra libertad residual en la interacción".

Conductas y actitudes supone, por tanto, un nuevo paso en el proyecto intelectual del psiquiatra de San Roque, establecido desde finales de los años 40 en Córdoba, donde se hizo cargo durante más de tres décadas del Dispensario de Psiquiatría. Nacido en 1922 y considerado uno de los principales referentes en los campos de la psiquiatría y la psicología contemporáneas en España, Castilla del Pino es autor de una extensa obra que abarca textos de neuropatología y tratados sobre la depresión o la incomunicación (La culpa, Un estudio sobre la depresión, Teoría de la alucinación, El discurso de la mentira, El delirio, un error necesario, Aspectos cognitivos de la esquizofrenia, Celos, locura, muerte...), la novela Discurso de Onofre y dos elogiados tomos de memorias, Pretérito imperfecto, con el que ganó el IX Premio Comillas en 1997, y Casa del Olivo, una obra de gran valor para comprender cómo era la Córdoba de mediados del siglo XX. Desde el año 2003, el psiquiatra y escritor ocupó un sillón en la Real Academia Española.

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