El gran pintor africanista Recreó con su técnica impresionista el paisaje del Protectorado español

Bertuchi el genio escondido

  • Se cumplen 55 años de la muerte del pintor granadino, el gran observador de África y el fundador de una de las escuelas de pintura más importantes de Marruecos: la de Tetuán

Su pasión por la luz, su amor por la cultura árabe, su manera de llevar al lienzo las escenas cotidianas de un país tan cercano como extraño hicieron de Mariano Bertuchi el gran pintor de Marruecos de principios del siglo XX. Su obra, que es un icono de la visión europea del norte de África, llegó a ser reproducida hasta en los sellos. Sin embargo, su ciudad, Granada, lo mantiene ignorado. Ahora se cumple el 55 aniversario de su muerte sin que la ciudad lo haya rescatado del todo.

Mariano Bertuchi, a quienes muchos asocian con Joaquín Sorolla por su técnica impresionista, está considerado como el gran pintor africanista del siglo XX y una verdadera referencia sobre la que fue una de las etapas más convulsas de la historia española: la de la Guerra de Marruecos. El pintor se convirtió prácticamente en un reportero gráfico del momento y en una de las grandes miradas sobre el paisaje del Protectorado español.

Nacido en El Realejo el 6 de febrero de 1884, Mariano Bertuchi mostró, desde muy niño, su absoluta inclinación hacia dos cosas: la pintura y el mundo árabe. Con nueve años se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Málaga y al año siguiente lo hizo en la de Granada. Después de ganar varios certámenes de pintura, con 14 años comienza a interesarse por los motivos árabes. Cuenta el anecdotario que, en uno de aquellos días, recibió en su casa la visita de Aníbal Rinaldi, intérprete oficial del general O'Donnell, quien le preguntó qué regalo le gustaría recibir. El niño le dijo que un traje árabe. Rinaldi decidió entonces invitarlo a pasar una temporada en Tánger. Aquel viaje le supondría su primer contacto con Marruecos, algo que le impresionó vivamente. Unos meses después, presenta en Granada los cuadros realizados tras aquella experiencia. A partir de ese momento, nunca dejaría de estar relacionado con el Magreb.

Con 17 años, se presentó en la Bienal del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Cuando mostró el cuadro Felipe IV y su pintor de cámara Velázquez, el propio Círculo decidió comprárselo para regalárselo al rey Alfonso XIII. Bertuchi era, en aquel momento, una de las grandes promesas artísticas del país.

En 1903, con 19 años, vuelve a Marruecos para retratar la guerra civil que se está produciendo allí y se convierte en dibujante de la revista La Ilustración Española y Americana. Eso le ofrecerá una mayor perspectiva de todo lo que pasa en el norte de África.

En 1908 mueren sus padres y él decide trasladarse a Melilla, sitiada en ese momento por las tropas imperiales del Sultán. Allí se casa con Esperanza Brotons. En los años siguientes continuará realizando cuadros sobre el conflicto hispano-marroquí.

Diez años después, Bertuchi y su familia se trasladan a Ceuta, ciudad con la que el pintor se sentiría muy implicado. Hasta el punto de llegar a ocupar el cargo de teniente de alcalde en el Ayuntamiento. Diseña la vidriera para la escalera principal de la corporación municipal y diversas escenas de la vida cotidiana ceutí. También entra a formar parte de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y recibe, en 1923, la Cruz al Mérito Militar.

Su vida da un giro cuando, a los 44 años, en 1928, se va a vivir a Tetuán, en donde es nombrado inspector jefe de los Servicios de Bellas Artes y Artesanía Indígena del Protectorado. También es requerido para diseñar el pabellón marroquí para la Exposición Universal de Sevilla de 1929.

Un año después es nombrado director de las Escuelas de Artes Indígenas de Tetuán y Tagsut. Bertuchi, que aprecia realmente todo lo que se hace en Marruecos, decide reunir en esas escuelas a los mejores especialistas en artesanía marroquí para que impartan sus conocimientos. Consigue hacer que el arte marroquí comience a florecer.

Finalmente, en 1945, abre su Academia preparatoria pra los jóvenes pintores marroquíes que aspiren a ingresar en las Academias de Bellas Artes Españolas. Con esa iniciativa, da un tremendo respaldo a los nuevos artistas del norte de África, que ven en Bertuchi a todo un maestro con una escuela propia. El pintor dejará una huella indeleble en artistas como Ahmed ben Yessef , que terminaría siendo el autor de los grabados en los billetes de dirham marroquíes. Al mismo tiempo consigue crear el Museo de Arte Marroquí en 1948.

Mariano Bertuchi murió en Tetuán el 20 de junio de 1955. Tenía 71 años. Según su deseo, fue enterrado en el cementerio católico de la ciudad. Una año después, Granada le rendía homenaje colocando una lápida conmemorativa en su casa natal. Pero poco a poco, la ciudad lo ha ido olvidando.

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