¡Ese Barroco que quema!

Viola da gamba: Calia Álvarez. Clave: Asís Márquez Programa: Las sonatas para viola da gamba, movimientos de la Quinta suite para violonchelo y la Fantasía cromática de Johann Sebastian Bach. Lugar: iglesia de Santo Domingo de Aracena. Fecha: 1 de septiembre de 2011.

No es fácil encontrar el punto exacto de madurez en una música tan concienzuda como la de Johann Sebastian Bach. Aunque su repertorio camerístico exige un dominio técnico del instrumento, no es el virtuosismo lo que debe primar. El buen intérprete sabe ver un fundamento detrás de la espesura de notas que se agolpa en la partitura. Bach es un compositor que no sólo hay que saber tocar; también interpretar.

Calia Álvarez y Asís Márquez convencieron en Aracena de la dimensión trascendental que entrañan las grandes obras y sus creadores. Las sonatas para viola da gamba y clave de Bach son joyas camerísticas donde la herencia de las mejores escuelas y la perspicacia individual se acoplan en busca del soñado equilibrio. Equilibrio en el seno de una incesante controversia. Y ambos intérpretes mostraron al público esa antítesis genial en una versión antológica; raro es escuchar lecturas tan expresivas y jugosas en la amplitud de un discurso donde no falta nada por decir. Cuando un compositor da a la posteridad una obra elaborada minuciosamente, el intérprete debe afrontar el reto de interiorizarla no sólo artísticamente sino de un modo integral. Con esto se evita caer en la monotonía. Y el Dúo venció el reto dando una profunda razón de ser a cada frase: los cambios de carácter, las modulaciones o la ornamentación confluían en texturas sobresalientes.

En los segundos movimientos de las sonatas B.W.V. 1027 y 1028 se evidenció la maestría que tiene el Dúo para construir a Bach desde la raíz, comunicando esa energía inexplicable que subyace a la propia música. Ni siquiera en tales movimientos se sobrecargaron los recursos pues encauzaban el latido interior tocando con suma naturalidad; las notas mantenidas largamente fueron un hito dramático (por ejemplo: el Adagio de la B.W.V. 1027). Exquisitos el Allegro de la 1028 por su delirio colorista en el episodio central (en modo menor) y el último movimiento del B.W.V. 1029 (un control admirable de los planos y la expresividad), repetido cual propina en calidad superior.

Por separado hicieron intervenciones estupendas. Calia conmovió llevándonos con su viola da gamba a profundidades donde la música resplandecía con elocuencia incomparable; sus acentos y silencios hicieron posible soliloquios cavernosos. Asís conseguía un resultado óptimo gracias a su austeridad, que le mantuvo lejos de cualquier aspaviento innecesario; los pasajes más veloces no se orientaron con esa tendencia habitual de lucimiento ya que en Bach todo tiene una finalidad; en su versión de la Fantasía cromática cuidó el cambio temático.

Acabado el programa, el Dúo nos obsequió con una sorpresa, todo un banquete para los oídos. Se anunció el estreno absoluto de una composición de Calixto Álvarez: Folías americanas. Un prodigio de fusión intercontinental de melodías, ritmos y armonías. El estereotipo de folía europea se diversificó al trasluz de música caribeña que arrancó de los instrumentistas sus mayores dotes en un torrente de inspiración: polirritmia, disonancias o pizzicati para vestir lo culto y lo popular. La música y la danza se engarzaron amorosamente hasta al alcanzar la cumbre, premiada con un aplauso atronador también otorgado al compositor, allí presente.

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