Arcángel revive en los escenarios el 'Olor a tierra' de su infancia

  • El cantaor onubense ofrecerá esta semana en Sevilla "un viaje de la tradición a lo transgresor" en el que interpretará algunos de los temas que compondrán su próximo álbum, 'Quijote de los sueños'l 'Olor a tierra'. Arcángel. Teatro Quintero de Sevilla. Días 16 y 17, a las 21:00. Entradas a 30 euros.

Arcángel (Huelva, 1977) tiene entre los recuerdos de su infancia cómo se aligeraba el aire tras la lluvia. Aquella esencia nueva que envolvía el ambiente "es algo que sigue ahí, después de un tiempo", un sentimiento profundo y límpido -"puro", se atreve a decir el cantaor aunque rápidamente rectifica, "no quiero que se confunda el término"- que en cierta medida el intérprete asocia "con el flamenco". De ahí que el onubense haya escogido como título para los conciertos que dará en el Teatro Quintero, el jueves y viernes, el de Olor a tierra. La intención, resume, es ofrecer a los espectadores "un viaje de lo tradicional a lo más transgresor, como a mí me gusta". Una velada en la que habrá "un poco de todo: tonás, alegrías, bulerías...". O, como apunta más tarde, "un trayecto desde Huelva hasta Sevilla, pero pasando por los pueblos, no por la autopista", apostilla con ironía.

En el repertorio interpretará algunos temas de su próximo disco, Quijote de los sueños. El nombre del álbum, desvela Árcangel, responde a un corte dedicado a Paco Toronjo, un maestro con el que el cantaor se identifica. "Como él, también me considero un luchador contra las estructuras ya hechas y consolidadas", asegura. Para este elepé, el cantaor ha convertido en música algunos poemas del libro Biografía impura, de Juan Cobos Wilkins. El trasvase ha sido difícil, pero enriquecedor. "Es una poesía que no tiene nada que ver con el flamenco: sin rima, asimétrica", expone. Pero, alega, "tiene un contenido profundo, que es algo que echo de menos en el flamenco. Muchas veces, cuando no se ha recurrido a poetas, o no se interpretaban temas antiguos, lo más flojo han sido las letras". Arcángel no lo oculta: le ha conmovido moldear con su voz los versos del autor; la honestidad con que fueron escritas esas líneas no le es ajena. "Hay un texto, por ejemplo, que me tocaba mucho. Acabo de perder a mi madre, a Enrique [Morente], que era un gran amigo, y en esa época estaba musicando uno de los poemas, uno que veo algo transgresor, porque es la historia de un niño que se pregunta a sí mismo por Dios, y que siente que no puede amarlo".

La experiencia le ha enseñado a Arcángel que "tienes que cantar pensando en ti, no tanto en el público, para que la cosa funcione. Si haces algo pensando en convencer al de enfrente, el truco se nota". El onubense ya no tiene miedo de ser él mismo. "Intento buscar mi propia personalidad. Es inevitable que cuando empiezas tengas a tus modelos y los imites. Pero la vida es como el método del ensayo y el error, hay que ir tocando teclas y ver dónde te equivocas", reflexiona. "Recrear a otro es horrible, recordar aquello que ha hecho otro y conseguir que suene como algo tuyo", prosigue. En este sentido, recuerda "un homenaje a Caracol que fue muy difícil, porque mi voz no es la suya, y quería que se reconocieran los giros de Caracol, pero que también se me reconociera a mí".

El nombre de Caracol le hace decantarse -"prefiero a Caracol, pero reconozco que Mairena es una figura innegable, un paradigma", declara-, y la alusión a los clásicos le lleva a proclamar que "los cantaores actuales tenemos que recoger el legado y respetarlo". Pero ésa es una responsabilidad que no está reñida con el cambio. "Las personas somos una consecuencia del tiempo en que vivimos. Y los que cantamos somos personas, no he visto hasta ahora cantar a una silla o a una mesa. Es lógico que haya una evolución", dice. Esquiva la nostalgia de un pasado glorioso: "Desde que empecé estoy oyendo que esto se acaba, que ya no se le pone el mismo corazón... Puedo entender que en el proceso se pierdan cosas, pero también se ganan. Ahora, por ejemplo, hay una complejidad musical mucho mayor".

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