Antonio Cazorla se lleva hasta California las caracolas de Punta

  • El pintor onubense participa con dos obras en una muestra colectiva de hiperrealismo

Algunas de las caracolas que Antonio Cazorla ha recogido en las playas de su pueblo están ahora a orillas del Pacífico, en California. Son las que refleja en dos de sus cuadros recientes, Equilibrium y Sea Treasures, que se exponen como parte de la muestra colectiva Photorealism in the desert, acogida por Imago Galleries en Palm Desert, ciudad del sur de California (Estados Unidos), vecina de Palm Springs, y situada junto al Parque Nacional Joshua Tree. Es muy probable que incluso acaben en las paredes de alguna mansión de Long Beach, como otras de la misma serie de conchas, iniciada en 2014, forman parte ya de colecciones privadas tras ser vendidas en Nueva York. Es lo que tiene ser uno de los pintores hiperrealistas más cotizados del momento.

La exposición de Palm Desert se abrió al público el 10 de marzo, aunque fue el viernes pasado cuando se inauguró. Hasta el 8 de abril permanecerá en esta galería, considerada una de las más importantes de pintura en el estado costero norteamericano. Y tampoco parece casual que haya elegido una de las obras del artista onubense para ilustrar el cartel que sirve de reclamo: Sea Treasures.

La participación de Antonio Cazorla se debe a la colaboración de Imago Galleries con la galería que le representa en Estados Unidos desde 2003. La Bernarducci-Meisel, radicada en Nueva York, es filial de la Louis K. Meisel Gallery, la más importante especializada en pintura fotorrealista, término creado precisamente en este foro en los años 70, y que le da una dimensión de su importancia incluso para la evolución de la historia del arte y lo que se estudia en los libros de texto en la actualidad.

Bien sea el hiperrealismo, vertiente más conocida en Europa, o el fotorrealismo, popularizada en Estados Unidos por las obras pictóricas creadas a partir de imágenes fotográficas, Cazorla huye de las etiquetas. Entiende que se le catalogue en este tipo de pintura, pero él pretende ir más allá.

"No me gusta encasillar mi pintura. Aunque mis cuadros parezcan muy reales y me digan que parecen fotografías a modo de halago, que agradezco, siempre pretendo interpretar las imágenes y transmitir lo que me sugieren". Porque, asegura, aunque parezca que el hiperrealismo es frío, "también hay algo de poesía, de interpretación. A mí siempre me transmiten las imágenes algo más, y pretendo que se vea".

Asegura Antonio Cazorla (Punta Umbría, 1971) que no le gusta sentirse atado por la fotografía que toma como base de sus cuadros. Es más, siempre, insiste, las interpreta, maneja las tonalidades, las luces, los claros y los oscuros, los colores, "y cambio cosas que no funcionan en la composición". "Hago este tipo de pintura porque disfruto del proceso de interpretación y ejecución. En caso contrario, no me motivaría calcar lo que recoge una fotografía".

Es lo que le repite constantemente a sus alumnos: no se trata de copiar la fotografía de referencia, incluso con las motas de polvo del objetivo que aparecen en la imagen. Hay que darles una vuelta más y dejar el sello del artista, el alma que se transmite en el pincel, por más que no todos los espectadores tengan capacidad de apreciarlo después ante el cuadro. Es ahí donde debe primar la satisfacción del pintor hiperrealista.

Este fin de semana estará, precisamente, en Sant Antoni de Portmany (Ibiza), para impartir uno de sus cursos intensivos de pintura a lo largo de tres días, que complementan los habituales en su estudio de Punta Umbría.

"Quizá no sea muy conocido en Huelva porque mi proyección es fundamentalmente internacional desde 2003. No ha sido intencionado, me ha venido así. Por eso quedé muy satisfecho con los casi 10.000 visitantes de la exposición de noviembre pasado en el Museo", concluye el artista.

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