Anticipación (y II)

Estrenos en nuestras salas de películas de anticipación o ciencia-ficción nos animaban ayer a escribir sobre un género frecuente en la cartelera, que cuenta con numerosos y fervientes seguidores. Incluso en las producciones televisivas hay una incidencia creciente. Ahí está el reciente estreno en la NBC estadounidense de Revolution, una de las series que han despertado mayor expectación, nueva creación de J.J. Abrams, el autor de Perdido. La serie, con inspiraciones tan notables como Aldous Huxley y George Orwell con signos apocalípticos -¡cómo no!-, se ve ya en España a través de un canal temático.

Pero la ciencia ficción, como escribíamos ayer, viene desde los primeros tiempos cinematográficos. Completemos hoy aunque sea esquemáticamente, una visión de tan sugestiva especialidad cinematográfica, muy prolífica a lo largo de los años. Siguiendo con una evocación urgente de esa primera antología, recordemos que en las décadas de los años 30 y 40 del siglo pasado, tras la invención del cine sonoro y el color las producciones de este género no pasaban de un bajo coste e historietas sobre cómics famosos. Un título muy destacado fue King Kong (1933). Aventura y ciencia ficción lograron un afortunado binomio. Incluso Frank Kapra se sumó a ello con Horizonte perdido (1937), mientras que la Fleischer Studios producía cortometrajes animados sobre Superman y otros films del género.

Con el advenimiento de la guerra fría, la aventura espacial y el terror atómico, el cine de ciencia ficción se identificó con las expectativas de la exploración espacial, la posible presencia de seres de otras esferas del Cosmos, la supervivencia de la raza humana, los efectos de los riesgos radiactivos, incertidumbres que en los años 60 y 70 prodigaron especulaciones fílmicas de todo tipo. Ya en los 50 se empezaron a utilizar los efectos especiales y el sistema stop-motion, utilizado en los dibujos animados, y del que se sirvió genialmente el inolvidable Ray Harryhausen en La Tierra contra los platillos volantes (1956).

Lo más destacado de los 60 fue, con diferencia, la citada tantas veces 2001, una odisea del espacio, de Kubrick con efectos visuales inéditos y la incorporación de elucubraciones filosóficas, como las que después aportaría Ridley Scott, en títulos ya mencionados. Recordemos también El planeta de los simios (1968), según la novela de Pierre Boulle y sus secuelas, incluso la precuela que vimos el año pasado, Origen del plantea de los simios (2011). De esta época hay una divertida experiencia, Barbarella (1968), de Roger Vadim con Jane Fonda como protagonista.

Los 70 tienen una feliz irrupción en la distribución occidental con Solaris (1971), del ruso Andrei Tarkowski, basada en una magnífica novela del polaco Stalislav Lem. Abundaba la paranoia, el temor a amenazas alienígenas o ecológicas con intrigas inquietantes como Soylent Green (1973) y Futureworld (1976). Incluso comedias de ciencia ficción como El dormilón (1973), de Woody Allen y Dark Star (1974), de John Carpenter. Pero fue La guerra de las galaxias (1977), uno de los grandes mitos del género, la que revolucionó esta cinematografía y aumentó la presencia de películas de anticipación en la órbita cinematográfica. Pero esa es una larga historia muy de nuestro tiempo que, cualquier día, podríamos revisar.

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