Andrés Marín, en el Museo Picasso de París

  • El bailaor sevillano interpretará mañana una pieza de su creación ante las obras del genial malagueño

"Picasso ha sido siempre una inspiración para mi trabajo por muchas razones: por su visceralidad, por su claridad y su primitivismo, por su manera de devorar las cosas, de ir cambiando de lenguaje con toda libertad, sin prisiones, y al mismo tiempo sin perder nunca su identidad. Siempre me ha fascinado su evolución", explica el bailaor y coreógrafo sevillano Andrés Marín, que mañana viernes, en París (19:00), protagonizará con su danza un singular diálogo itinerante con algunas de las obras del artista. Será tras la visita temática al museo titulada Picasso comprometido cuando Marín interprete un solo de 45 minutos enmarcado dentro de un programa denominado Carta Blanca que ha ideado la nueva directiva del Centro para renovar la experiencia del visitante, al que se ofrece la oportunidad de contemplar las obras desde un ángulo completamente inédito.

La de Andrés Marín será la cuarta actuación de este ciclo que, desde el pasado mes de noviembre, ha ido recorriendo temas y motivos como los de Picasso y el circo, que contó con la actuación de Mathurin Bolze; Picasso, el cuerpo, las mujeres, cuya Carta Blanca le fue entregada a Pascal Rambert, y una improvisada danza sonora en torno a Picasso y lo salvaje que protagonizó el trío de viento Journal Intime.

A pesar de la vinculación entre Picasso y los Ballets Rusos, de los decorados y los trajes que diseñó para obras como El tricornio de Falla, es la primera vez que la danza flamenca entra en vivo en el Museo Picasso, el primer tête a tête entre los dos artistas andaluces. Pero no hay que extrañarse pues, si se mira a la historia reciente, mientras en España ha habido a veces un cierto desprecio por la figura del artista flamenco, Francia, concretamente París, no ha tenido reparos en incluirlo en sus más afamadas vanguardias. Baste pensar, no sólo en la presencia adquirida en la programación de sus teatros -hoy Israel Galván es artista residente del Téâtre de la Ville, por ejemplo- sino en la acogida deparada a muchos de sus intérpretes. Entre estos se encuentra Antonia Mercé La Argentina, quien además de estrenar en el Teatro Trianon, en 1925 y con escenografía y vestuario de Bacarisas, la versión más célebre de El amor brujo de Falla, pronto se convertiría en la musa de intelectuales y poetas como Paul Valéry; o Vicente Escudero, en cuyo estudio parisino se reunían los artistas más innovadores del momento, incluido Pablo Picasso.

Tampoco es extraño que el artista flamenco invitado por el Museo ubicado en el barrio del Marais haya sido Andrés Marín (Sevilla, 1969) ya que, al igual que Picasso, éste ha encontrado en Francia grandes oportunidades para desarrollar su arte. Con una brillante carrera a la espalda -Asimetrías, Vanguardia Jonda, El cielo de tu boca, La Pasión según se mire o Tuétano son algunos de los trabajos realizados con su propia compañía- Marín viaja ahora por el mundo con Gólgota, un espectáculo en el que baila junto a Bartabás, el genio del llamado teatro ecuestre -nunca invitado a Andalucía, a pesar de su prestigio mundial-, y acaba de estrenar en Holanda Yatra, un complejo trabajo de encargo en el que, dirigido por Kader Attou y por el músico camerunés Manuel Wandji, comparte escenario con el Ensemble Divana del Rajastán y con dos bailarines de hip-hop.

Pero el próximo viernes Marín recorrerá en solitario algunas de las 37 salas del Museo, inaugurado en 1985 en el Hôtel Salé (un palacio del siglo XVII) y reabierto el 25 de octubre del pasado año tras cinco años cerrado por trabajos de restauración. El remozado Museo, que ahora dirige Laurent Le Bon, alberga, entre otros materiales, 297 óleos, 307 esculturas, 4.000 obras gráficas de Picasso y 20 esculturas etnográficas de su colección particular.

Los que conozcan las formas y la constante investigación que define el trabajo del bailaor, se habrán dado cuenta de los muchos puntos de inspiración que puede haber tomado del pintor malagueño, al que el presidente Hollande, en la reapertura del Museo, llamó sin ambages "el orgullo de Francia".

Y respecto a las piezas elegidas, Andrés Marín explica que comenzó a coreografiar "por algunas esculturas con las que me había sentido identificado: la cabra, el toro que construyó con el manillar y el sillín de una bicicleta… Para ellas he tomado como base unos pocos fragmentos coreográficos de mis obras, como la Asturiana que compuse para El cielo de tu boca, con la música de un cencerro; o elPasodoble, en el que me acompaña un clarinetista. Pero también me moveré entre algunas de sus pinturas: le bailaré a un Arlequín con una danza en la que la burla y la muerte, lo masculino y lo femenino se mezclan de manera sutil; a La Celestina de cara distorsionada, con una máquina de imprenta; al cuadro que él tituló Las bañistas, aunque yo lo que veo es un ballet con el que puedo interactuar… para terminar con El entierro del Conde de Orgaz". La danza flamenca entra así al fin en el templo parisino de Picasso. Ojalá se repita el ejemplo.

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