"Andalucía es una gran potencia lírica pero las instituciones aún no se lo creen"

  • El intérprete onubense protagonizará a partir del día 17 la ópera 'Lucia di Lammermoor,' de Donizetti, en el Maestranza de Sevilla, teatro que le abrió las puertas a los roles principales

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Juan Jesús Rodríguez, nacido en Cartaya (Huelva) en 1969, hijo de marinero y ama de casa en una familia de cinco hermanos, es hoy uno de los grandes barítonos españoles de la lírica actual, poseedor de una de esas voces que conmueven. La crítica anda rendida ante este intérprete que, sin grandes campañas de márketing, es reclamado en los principales teatros de España e Italia para óperas y zarzuelas, este último, "un género, el nuestro, tan valioso como cualquier ópera" y que, "debería ser defendido por instituciones, políticos, cantantes y directores". A mediados de febrero, protagonizó en el Maestranza la zarzuela Luisa Fernanda y a partir del día 17 regresará a él para encarnar al malvado Enrico Ashton, en Lucia di Lammermoor, de Donizetti, un papel que debutó hace "muchos años" en el Campoamor de Oviedo. Acaba de estrenarse en la ópera Luisa Miller, en el Euskalduna de Bilbao, y ya prepara sus próximos roles verdianos: Yago, de Otello y el rey Nabucco... Y, con todo, su empeño es cantar en Huelva, "para mi gente".

-¿En qué momento se encuentra su carrera?

-Muy bueno. Mi especialidad es Verdi, un autor muy exigente, con el que se necesitan unas cualidades vocales que, según la crítica, el público y yo mismo -porque es donde me siento cómodo-, reúno... Me reclaman muchísimo en España, en Italia y en Alemania también.

-¿Cómo entra en la lírica?

-Mi madre dice que empecé a cantar antes que a hablar. Estudié en el Instituto musical onubense, porque he vivido en Huelva, aunque nací en Cartaya, y me examinaba por libre en Sevilla. Con 20 años, estaba estudiando Filología, pero me dije que realmente lo que me gustaba era cantar y di el salto a Madrid. No sé por qué elegí la ópera... quizás porque mi voz había sido muy natural, proyectada, y entré en la Escuela Superior de Canto de Madrid, y ahí empezó mi bagaje.

-Su relación con el Maestranza, en su día con Giusseppe Cuccia, es muy especial.

-Cuando llegué a Madrid, la progresión fue del Coro de RTVE al Coro de la Ópera, y de ahí a hacer pequeños papeles por España y uno de los lugares a los que venía asiduamente era Sevilla. Hace 12 años, empezó mi carrera como barítono principal, el primero que me llamó fue Pino Cuccia para hacer de Malatesta en el Don Pasquale. Había ganado varios concursos, uno de ellos el [Internacional de Canto] Pedro Lavirgen. Luego vino el Regio de Turín, el Maggio de Florencia, el Massimo de Palermo... y el repertorio verdiano.

-Forma parte de una generación de cantantes líricos andaluces, con Ismael Jordi, Mariola Cantarero, ¿hay una sensibilidad especial en el sur?

-Lo que hay es mucho talento, es lo que siempre me encuentro en España, y en particular en Andalucía. Acabo de dar clases a cuatro cantantes de aquí y no tienen nada que envidiarle a los artistas internacionales con los que suelo cantar.

-¿Y qué es lo que falta entonces?

-Falta creérselo. Falta la autovaloración, la valoración de las instituciones para darle oportunidades a los artistas e invertir en talento.

-¿Qué consejo le daría a un chaval que quiera dedicarse a la lírica?

-Yo, que ya tengo una trayectoria, aún no he cantado en Huelva, en el Gran Teatro. ¿Qué le digo a la gente joven? Que haga la maleta y que salga. En España, tenemos el complejo de que no somos o no vamos a llegar a porque nos llamamos Jiménez o Rodríguez. Los andaluces en particular somos una gran potencia a nivel artístico y no nos lo creemos, pero tampoco nos lo hacen creer las instituciones que tienen que apoyarnos. Es muy importante que se le dé oportunidades a la gente joven, que salgan segundos repartos, que se cuenten con ellos para hacer papeles pequeños... Aunque el Maestranza sí lo hace. Y, por ejemplo, sí he visto que el Villamarta le ha ofrecido debutar roles a Ismael Jordi que, desde su Jerez natal, luego ha podido llevar por el mundo. Me encantaría que lo que hago en otros sitios, lo pudiera hacer en mi tierra. La lírica y la danza no pertenecen a una élite o a unos espónsores...

-¿Cómo viven ustedes la inestabilidad presupuestaria de los teatros?, ¿cómo afecta a su caché?

-Depende. En mi caso, en Palermo ahora tenía que hacer cuatro funciones de Il Trovatore y, por los recortes, una no se hizo, y me parece normal. En el Liceo, se van a hacer menos... A veces piden rebajar el caché pero dentro de un límite porque tampoco hay que aprovechar la crisis... Me ha costado mucho tener el caché que tengo: años de carrera, inversión en tiempo, dinero. Los artistas comprendemos en qué momentos estamos, pero lo importante es que no baje la calidad.

-¿Ve necesario que los teatros apuesten por repertorios contemporáneos, aunque sean menos rentables que los títulos clásicos?

-Tiene que existir un equilibrio, pero el clásico es fundamental.

-¿Qué admira de la relación que tienen las grandes casas líricas centroeuropeas con su público?

-Todo. En Alemania, se hace una producción, se programa durante años y se rentabiliza: hay una compañía estable de cantantes, coro, orquesta, que va a hacer su trabajo todos los días, aparte de que haya artistas invitados. Está muchísimo mejor gestionado. Allí, ir a la ópera, no es un lujo, es como ir al teatro o al cine. Las compañías no traen intérpretes superestelares pero la llama está encendida siempre. Por eso, en España el futuro son las coproducciones entre teatros.

-Ahora que el Maestranza se ha abierto a la programación de musicales, ¿se ve en un título así?

-A mí lo de cantar con micrófono... La técnica que desarrollamos los cantantes líricos es para cantar por encima de la orquesta, sin micro.

-¿Lo considera un género menor?

-Me veo en todo lo que sea cantar y ser actor, y me encantan los musicales, de hecho, soy productor de uno: Todo para todos. No me encasillo en nada. Me encanta el flamenco, adoro a la Paquera y a Camarón, y es lo único que escucho en casa. Cuando cantamos un aria no sólo cantas lírico, pones todo lo que llevas: tu cultura, tu folclore, y a los andaluces se nos nota ese pellizco. Una de las personas de la que más cosas he aprendido para la lírica es mi amigo Eduardo Garrocho, que es cantaor. Todo nos enriquece.

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