Amarga victoria: tras los ojos de Bette Davis

El pasado 5 de abril se cumplían cien años del nacimiento de Bette Davis, una de las actrices más carismáticas, reconocidas y premiadas del Hollywood clásico, ganadora de dos Oscars tras diez nominaciones y protagonista de títulos memorables como La loba, La carta, Jezabel, Elizabeth de Essex, Eva al desnudo, Qué fue de Baby Jane o Amarga victoria, filme que da título a esta enjundiosa biografía.

Inmortalizados sus grandes y enigmáticos ojos en una famosa canción de Kim Carnes, Bette Davis cambió su plácido Massachussets natal por los escenarios de Broadway. De allí a Hollywood, donde consolidó su carrera en la Warner Bros. y desde donde definió un modelo femenino fuerte y poderoso, un prototipo de mujer lúcida, moderna y segura, un perfil intimidante y poco complaciente (nunca le importó ser la "mala") que, paradójicamente, se asentaba sobre un contenido y preciso trabajo interpretativo. Definida por Sikov como "una mujer magnífica y exasperante, luminosa y belicosa a partes iguales, una fuerza de la naturaleza, un talento explosivo que definió y preservó el significado de la palabra estrella durante más de medio siglo", la Davis mantuvo una inusual independencia y poder dentro del sistema, no acabó de encontrar nunca la estabilidad sentimental, se bebió unas cuantas botellas de whisky y paseó su inteligencia y magnetismo hasta los últimos días de su vida.

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