"Amancio Ortega es un personaje irrepetible"

"Es una pena que pases a la historia sólo como uno de los hombres más ricos del mundo". Con dicho argumento convenció Covadonga O´Shea al propietario del grupo Inditex, Amancio Ortega, para que se convirtiera en el protagonista de un libro que ha superado todas las expectativas. Con la séptima edición en ciernes, dicho texto ofrece la posibilidad de acercarse a la vida de un trabajador nato que, con sólo doce años -igual que Escarlata O´Hara en Lo que el viento se llevó-, se prometió que, ni él, ni los suyos, volverían a pasar hambre tras escuchar, detrás de un mostrador al que no alcanzaba con la vista, que a su madre no le fiaban más dinero para comprar. Desde entonces, el dueño de Zara luchó con todas sus fuerzas para ir ascendiendo hasta alcanzar lo que, gracias a su labor y a la de su equipo, hoy es una sólida realidad laboral apoyada en seis centros logísticos en España, más de 600 diseñadores y más de 4.200 establecimientos. Un récord asequible tan sólo para grandes soñadores.

-Conoció a Amancio Ortega en 1990, después de una visita que hizo a su centro en Galicia. ¿Es verdad que, lo que más atención le llamó, fue su sencillez?

-Así es. Entonces era responsable de "Telva". El nombre de Zara, empezaba a sonar y, como informadora, fui a la noticia. Al llegar allí me encontré con una persona que pensaba que era quien cargaba los camiones. Le pregunté por el "señor Ortega" y él me respondió: "El señor Ortega soy yo" (risas). Es un personaje irrepetible.

-Pero, ¿cómo se documenta uno para realizar un trabajo sobre alguien que quiere, ante todo, pasar desapercibido?

-Nos caímos bien desde el primer día y, después, siempre he tenido razones para ir a verle. Hemos almorzado en numerosas ocasiones y ahí yo le he preguntado muchas cosas y, él a mí, posiblemente muchas más (risas). Dejó de estudiar muy pronto pero, a base de escuchar y de aprender, es como si hubiera hecho varios masters. De pronto va por la calle, ve una chaqueta que le llama la atención, y llama para dar la descripción y que la confeccionen enseguida. Piensa de forma constante en los clientes.

-¿Cuál fue la reacción de su biografiado al leerse?

-Aquello resultó muy divertido puesto que, antes de que saliera a la luz, quería que lo tuviera él. Por eso me fui a La Coruña con una caja llena de volúmenes firmados para todos (amigos, compañeros…). Los coloqué en una mesa y, cuando salió y los vio,... ¡pensé que me tiraría uno a la cabeza! (risas). Afirma que, en vez de "autorizada", prefiere considerarla una biografía "consentida".

-Cuya autora, además, es una señora tan valiente como Covadonga O'Shea que, para empezar, eligió una carrera no muy vista por aquel entonces…

-Mi madre era más moderna pero mi abuela me decía… "¡Qué horror!". Éramos pocas las chicas y, muy típico, los chavales nos decían que nos dedicaríamos a escribir recetas de cocina. Por mi parte, replicaba: "¡Seré corresponsal de guerra!"

-Tampoco está nada mal la batalla de fundar y dirigir durante 27 años Telva. ¿De qué manera la destacaría respecto al resto de publicaciones similares?

-Bueno, cuando salió era la única, con lo que competencia no teníamos. Procuré reflejar a una mujer del siglo XXI, entre los derechos y lo deberes. Algo muy en la línea de la famosa conciliación actual. Aparte, fomentamos la educación de los hombres y de la sociedad para que entendieran nuestro papel y, por último, la moda como servicio, una manera de embellecernos y no de convertirnos en fashion victims. No podemos estar de continuo pendientes del "¿qué me pongo?".

-¿Nos daría alguna clave que, al respecto, nos sirviera para ir siempre impecables?

-Pues que vestirse no es disfrazarse. La forma de combinar la ropa dice mucho de la personalidad de cada uno. Es como una segunda piel, con lo que necesitas unos básicos que te sirvan a cualquier hora del día. Una vez me comentaron: "Si no eres elegante, intenta ser extravagante". La elegancia es lo mismo, pero al revés.

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