Abordando las taquillas

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Seguramente el mayor éxito de la última entrega de la saga, Piratas del Caribe: En mareas misteriosas, sea el abordaje de las taquillas, todo un éxito comercial, sin duda, que ya aventuramos en su día y que le ha permitido superar en espectadores y recaudación a títulos mucho más adultos y de mayor calidad cinematográfica como son en la cartelera actual: Midnight in Paris, de Woody Allen, Sin identidad, del español afincado en Hollywood Jaume Collet-Serra y El inocente, de Brad Furman. Es extraordinariamente llamativo, y ello da idea de las preferencias del público, que la película protagonizada por Johnny Depp y Penélope Cruz, haya conseguido recaudar el doble que el resto de las películas de la cartelera unidas.

Todo se debe, sin duda, a la propia atracción que ejerce esta saga cinematográfica desde sus tres entregas anteriores, pero también a la gran proyección propagandística que ha precedido y acompañado a la película con una esplendorosa campaña de publicidad y apoyo mediático, que es fácil imaginar que pasa también por la administración de cuantos medios han incluido su marketing adecuadamente hasta en esos telediarios-basura de ciertas cadenas de televisión poco escrupulosas a la hora de informar correctamente.

Y lo cierto es que esta cuarta entrega de estos piratas de guiñol o bucaneros de chirigota que calificábamos nosotros en nuestra crítica, publicada en esta sección hace exactamente una semana, no puede ser más abúlica, más insustancial e incapaz de suscitar el más mínimo interés de un público mínimamente respetable. Y es que no se pueden reiterar los argumentos y además las circunstancias, los efectos y los sucesos que a fuerza de repetirse, se hacen absolutamente previsibles. El nuevo director de la saga, Rob Marshall, que ha sustituido al realizador de las tres precedentes, Gore Vierbinski, que debe haberse aburrido del tema, se muestra incapaz de, no sólo dotar de ritmo a una realización de este género tan peculiar sino que insiste obcecadamente en lo que ya se ha reincidido en las entregas anteriores.

Vemos así como en numerosas ocasiones algunas de las imágenes más llamativas o espectaculares de la trilogía que ya conocemos, se reproducen práctica y frecuentemente. Eso sí sin el relieve plástico y estético que nos presentaban aquellos pasajes, nada relevantes por cierto pero al menos mucho más efectivos y atrayentes. Aparte de ello se echa de menos el ritmo de aquellas narraciones y la mayor convicción de los intérpretes. Porque aquí, entre otras cosas, los actores demuestran una espectacular desgana, especialmente Johnny Depp, que debe estar del capitán Sparrow hasta las narices.

Lo más sorprendente, si hemos de ser más precisos, es que un pretencioso y llamativo diseño de producción como es éste, no consiga superar una historia narrada de forma tan soporífera, lo que desluce estrepitosamente esta nueva franquicia del parque temático de Walt Disney. Su formato tridimensional no hace más que abrumar a ese posible espectador que tenga preferencias por estas películas de piratas, nada que ver por supuesto con la frescura y agilidad imaginativa de los films clásicos del género, aunque entusiasme a los amantes de la acción y la violencia unidas a la fantasía a cualquier precio.

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