Abejas contra nosotros

En esta época suelen florecer en las carteleras éstas y otras películas que, con la animación, la fantasía y la habitual figura de Santa Claus o algo parecido, suelen llenar las pantallas de nuestros cines. En lo que se refiere a las salas onubenses sirven para alejar del auténtico aficionado al cine títulos más apetecibles y valiosos que se desvanecen en el firmamento de la ignorancia y el olvido. A no ser que se recuperen viajando a otra ciudad con carteleras más generosas o se vean en la pantalla doméstica a través del DVD. De todas formas no es lo mismo.

Como fruto de este tiempo y para alegría de los más pequeños y asiduos de la animación cinematográfica nos llega esta nueva muestra de los creadores del inefable "Shrek" y su inevitable secuela, bajo la batuta de Jerry Seinfel, comediante acaparador de premios, divo de la "stand up comedy", humorista acaudalado, autor de monólogos, coleccionista de Porsches, que cuando no tiene nada que hacer se dedica a inventar bichos más o menos extraños o familiares para que llenen las pantallas y diviertan a los más pequeños y a muchos mayores de exigencias artísticas muy limitadas.

"Bee Movie", es en realidad una abeja llamada Barry B. Benson, que, a pesar de haberse graduado universitariamente, al final advierte que su futuro no es otro que fabricar miel a destajo como todas las de su género. En una salida de la colmena traiciona uno de los principios de su especie: no debe hablar con los humanos. Su conversación con una florista de Nueva York, le revela para su perplejidad, que los humanos se han pasado la vida sirviéndose de la miel que las abejas producen. Entonces decide demandar a la raza humana por tan implacable saqueo.

Ésta es una inesperada creación de la factoría Seinfel producida a través de la prolífica DreamWorks, la empresa de Steven Spielberg, que tiene en el género inventos tan rentables como el ya mencionado "Shrek" (2001) o "Madagascar" (2005). Una vez más los animales se hacen intérpretes de ciertas reivindicaciones que muchos cineastas norteamericanos ponen en sus bocas, proporcionándoles el don del habla. Así invocan libertades, críticas ecológicas, demandas culturales y otras pretensiones que elevan a los padres de esos niños que ven las películas a los que con mayor o menor amabilidad tiran de las orejas para recordarles sus responsabilidades. Guiños en suma que juegan a modo de chistes que en muchas ocasiones sólo resultan inteligibles para los mayores. Si es que acompañan a sus hijos al cine. Así son los dibujos animados de hoy.

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