El sucesor de Putin se prepara para una contundente victoria en las presidenciales rusas

  • Dimitry Medvedev hereda una economía emergente y debe despejar las dudas sobre su independencia respecto del actual presidente.

Los ciudadanos rusos yan está depositando su voto en unas elecciones presidenciales donde el viceprimer ministro Dimitri Medvedev, uno de los hombres más leales al Gobierno de Vladimir Putin, es el principal candidato para hacerse con la victoria. Son unos comicios que se desarrollan en un ambiente tumultuoso, marcado por las turbias relaciones entre Moscú y los organismos de control electoral de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE); y con una opinión internacional dividida entre los que definen a Medvedev como un títere del que será futuro primer ministro del país, y los que le perciben como una nueva esperanza de futuro si es capaz de reverdecer sus laureles como activista democrático durante su juventud.  

Las elecciones ya han comenzado en el extremo oriental del extenso país. Las autoridades del Distrito Autónomo de Chukotkala, ubicado en la península de Chukchi, informaron de que la votación comenzó según lo previsto, a las 8.00 horas de ayer (21.00 hora peninsular española), en una región situada en una de las once zonas horarias distintas con las que cuenta Rusia.

Los primeros resultados y los sondeos a pie de urna no se publicarán cuando cierre el último de los 96.300 colegios, lo que sucederá a las 19.00 horas (hora peninsular española) de hoy domingo, cuando cierren los colegios del enclave de Kaliningrado, en la frontera entre Polonia y Lituania.

Las últimas encuestas dan a Medvedev un 73 por ciento de la intención de voto de cara a estos comicios en los que concurren el líder comunista Gennady Zyuganov, el presidente del Partido Liberal Demócrata, Vladimir Zhirinovsky, carácter ultranacionalista  y el cabeza visible del Partido Democrático --de orientación pro UE--, Andrei Bogdanov. En realidad, Medvedev ganó los comicios en el momento en el que recibió el apoyo de Rusia Unida, el partido del Gobierno de Putin, cuya imagen doméstica sigue siendo, a pesar de las múltiples protestas organizadas por la minoría opositora, virtualmente inexpugnable. 

Entre los críticos destaca la figura del Gran Maestro de ajedrez, Garry Kasparov, o el ex primer ministro Mijail Kasianov --que cayó en desgracia con Putin en 2004--. Ambos no se presentarán a las elecciones por lo que consideraron "presiones del Kremlin" que les han impedido cumplir los requisitos necesarios para validar su candidatura. También la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) se ha negado a desplazar a sus observadores, cuya labor de supervisión del proceso electoral es considerada como fundamental para garantizar la legitimidad de los comicios. 

El fan de Black Sabbath

Dimitry Medvedev (San Petersburgo, 1965), ex profesor de Derecho y actual presidente de Gazprom --la gasística más importante del país-- es el máximo favorito para suceder a Putin en la presidencia. Es una sucesión que ha despertado la animadversión de sus críticos en el momento en el que Putin aceptó la petición de Medvedev para convertirse en primer ministro tras estos comicios. Así, Putin seguiría ostentando un puesto de responsabilidad en la cúpula del Kremlin después de haber finalizado los dos mandatos que le garantiza la Constitución del país.

Los críticos de Medvedev le consideran un 'Putinita' de escaso carisma y que carece de una base de poder independiente. Como presidente de Gazprom, está relacionado intrínsecamente con la política económica rusa, que consolida el control del Estado sobre los recursos naturales y los elevados precios del gas que provocan la animadversión de antiguas repúblicas soviéticas como Georgia o Ucrania. Estos mismos detractores esperan que, tras las elecciones, Putin asuma el papel de "líder nacional" al frente del grupo parlamentario del Partido, convirtiendo a Medvedev en un mero títere. 

Sin embargo, Medvedev es mucho más de lo que esconden estas impresiones. De hecho, es un candidato bastante más querido de lo que parece por los liberales del Gobierno ruso. "El ala liberal le apoya", considera un miembro reformista del Kremlin, "porque considera que (Medvedev) defiende el camino correcto en lo que se refiere a libertad de prensa, libertad de mercado y democracia, en general". El favorito, además, es considerado por Estados Unidos como una "elección digerible", según el ex viceprimer ministro y antecesor Alexander Voloshin. 

Sin duda, el radical cambio de imagen que ha recibido el candidato, inicialmente frío y distante, ha dado resultado. Ahora, Medvedev es un devoto fan de los clásicos del rock y del heavy metal: sus bandas favoritas son Black Sabbath --"De esta banda, lo tengo todo", suele declarar orgulloso--, Led Zeppelin y Deep Purple, y un orgulloso melómano que defiende al vinilo frente a los compact discs.

Entusiasta del deporte y del ajedrez, este nuevo perfil se ha ganado a la Generación Putin, es decir, a la nueva generación de votantes que han crecido en una época de prosperidad y estabilidad en contraste con el "caótico experimento", según el 'Business Week', desarrollado por Boris Yeltsin. "Voto por la estabilidad", declara Alexander Siderov, un estudiante de 18 años aspirante a programador, y que vive en una economía que ha crecido una media del 7 por ciento anual desde que Putin asumió el poder en 2000. 

Eso sí, algunas ideas de Putin perduran en Medvedev. Véase un ejemplo en el caso de Kosovo, cuya proclamación de independencia "ha complicado realmente la situación en los Balcanes y también en el sureste de Europa", según estimó Medvedev tras reunirse con el primer ministro serbio, Vojislav Kostunica. "Las consecuencias negativas de ello se proyectan en grado considerable a todas las demás regiones y Estados en que existe el problema de estatuto de determinados territorios" añadió. 

Victoria total

Las últimas encuestas apuntan a un índice de participación moderadamente elevado, en torno a un 69,7 por ciento. Los dos principales sondeos señalan a Medvedev como triunfador absoluto: un 72,9 por ciento según la encuestadora estatal VTsIOM; un 49,6 por ciento de acuerdo con la Fundación para la Opinión Pública (FOP). Muy por detrás de él se encuentran Zyuganov (15 por ciento; 9,1 por ciento), Zhirinovsky (10,9 por ciento; 8,7 por ciento) y Bogdanov (1 por ciento; 0,6 por ciento). 

Ni Kasparov ni Kasianov participarán en las elecciones. El primero acusó al Gobierno de poner trabas al alquiler de una sala en la que sus partidarios del Frente Civil Unido tenían previsto recomendar su candidatura, causa directa según la formación de que sesión no pudiera realizarse dentro de la fecha límite para admitir a trámite la nominación del antiguo campeón mundial. Kasianov fue rechazado por la Comisión Electoral, que denegó el 13 por ciento de las firmas presentadas por su candidatura, al considerarlas falsas o imposibles de verificar.

Sus respectivos partidos han denunciado las presiones del Gobierno que les han impedido asistir a actos públicos de la oposición, como el que estaba previsto en San Petersburgo el 3 de marzo --día siguiente a los comicios--, y que ha sido prohibido por las autoridades en una "habitual violación flagrante de la ley federal", según la jefa del FCU, Olga Kurnosova. OSCE

Las elecciones estarán supervisadas por unos 300 observadores internacionales, 25 de los cuales pertenecerán a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, según informó la institución europea en un comunicado remitido la semana pasada. 

No estarán entre ellos los delegados de la OSCE, que pretendían enviar a 50 observadores a Rusia para el 15 de febrero y contar así con el tiempo suficiente para preparar la misión. El Gobierno ruso exigió que la misión llegara el día 20, concediendo un período de adaptación que la organización consideró insuficiente. 

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