El maíz, del estómago al motor

  • La implantación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte sume a la agricultura mexicana en una crisis en la que el alimento básico para los pobres se convierte en fuente de energía para los ricos

El campo mexicano está en peligro. Cada vez es menor su rentabilidad y la ley de la oferta y la demanda ha convertido el principal alimento de los pobres en una fuente de energía que alimenta los motores de los ricos.

Uno de los principales causantes de este desequilibrio económico es la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), un bloque comercial entre Canadá, EEUU y México que establece una zona liberada que pretende eliminar fronteras para abrir mercados a los productos agropecuarios y facilitar el movimiento de bienes y servicios entre los territorios de los países miembros.

La entrada en vigor de este tratado en 1994 supuso un golpe mortal al campo mexicano y a sus millones de productores en lo que algunos académicos califican de "agrocidio".

Decenas de miles de campesinos de todo México se manifestaron a principios de año contra el Tlcan exigiendo que se elimine al maíz y al frijol de la lista de alimentos a los que se le quitaron los aranceles con Estados Unidos y Canadá.

El problema es la imposibilidad del campo mexicano de hacer frente a la competencia de EEUU, que ha tenido como consecuencia la subida exagerada del precio de los alimentos básicos, la huida de miles de trabajadores hacia el norte en busca de trabajo y el consecuente cambio social, cultural, ecológico y económico para el país.

Una de las principales causas de los altos precios es la creciente demanda de EEUU para fabricar los llamados biocombustibles (bioetanol y biodiesel) que se valen de productos agrarios como el maíz, la soja o la caña de azúcar para alimentar los motores.

Se produce una siniestra cadena cuando se transforma un alimento básico en fuente de energía: EEUU utiliza el maíz para producir etanol, esto conlleva una demanda creciente y que suba su precio. Como la producción del maíz ocupa la mayor parte de la tierra, otros alimentos autóctonos como la soja o la caña de azúcar se cultivan en menor medida por lo que también se encarecen.

A esto hay que sumarle que el maíz se usa también para alimentar al ganado, por lo que el precio de la carne también se ha visto afectado.

Con todo esto, el precio del maíz aumentó hasta un 70% en México, donde es uno de los alimentos esenciales de la dieta por ser autóctono y barato.

Desde la entrada en vigor del acuerdo, las organizaciones de agricultores denunciaron las desigualdades que sufren frente a EEUU y Canadá, ya que México es el socio más pobre.

La Conferencia Nacional campesina (CNC), principal organización agraria de México con cinco millones de afiliados, alertó de los efectos negativos de esta apertura en otros productos elementales tales como la leche o el trigo. Según los datos de dicha organización, cada agricultor estadounidense recibe un apoyo anual de 20.000 dólares frente a los 700 de sus colegas mexicanos, por lo que resulta imposible soportar la competencia de sus vecinos del norte.

Edgardo Mendoza, uno de los representantes de la Asociación Nacional de Empresas Productoras del Campo (ANEC), organización precursora de la campaña Sin maíz no hay país, asegura que "EEUU no ha cumplido con el trato al aumentar sus subsidios agrícolas de 5.000 a 30.000 millones de dólares y al aplicar barreras no arancelarias a los productos".

Además, los consumidores mexicanos no se han visto beneficiados con esta medida, ya que si en 1994 "podían comprar 20 kilos de maíz u 8 de frijol con un salario mínimo, ahora sólo pueden acceder a 6 kilos de maíz y 3 de frijol", asegura Mendoza.

Otro de los grandes problemas derivados de esta crisis es el incremento de la emigración campesina hacia EEUU. "Estaba claro que los sectores económicos orientados hacia el mercado interno y la pequeña y mediana explotación serían los más dañados por esa pieza del neoliberalismo", apunta Mendoza, y son precisamente estos sectores los que generaban más empleo y aportaban más ingresos al país.

La vigencia del Tlcan ha afectado a numerosos territorios en los que los productores han abandonado la agricultura ante la imposibilidad de hacer frente a la libre competencia acordada con EEUU y Canadá.

Zacatecas es una de las tierras que se han convertido en símbolo del desastre ocasionado por este Tratado, ya que presenta el mayor índice de despoblación de México con un 73% de la población emigrada hacia Estados Unidos.

Max Correa, secretario general de la Central Campesina Cardenista (CCC), puso un ejemplo de la tremenda problemática de la emigración basándose en datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), que indican que "antes del Tlcan, el promedio anual de migrantes a EEUU era de 28.000 personas. De 2001 hasta la fecha, el promedio ya alcanzó a las 600.000 que buscan emplearse fuera de México, lo que ha convertido a este país en el que más población pierde en el mundo".

Ni siquiera las grandes instituciones monetarias ven con buenos ojos esta apertura de fronteras. Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) asegura que se ha frenado de forma significativa la expansión del comercio exterior de México a pesar de que el tratado pretendía todo lo contrario. Si en 2000 los intercambios con el exterior suponían un 50% del producto Interior Bruto (PIB), en 2004 representaron sólo el 40 por ciento.

El Banco Mundial, por su parte, califica como "decepcionante" los efectos de la liberalización del campo, ya que perdió la competitividad externa y aumentó la pobreza.

Hoy resurgen con fuerza los movimientos campesinos capaces de realizar masivas concentraciones contra la apertura agrícola del Tlcan y demandar la renegociación de una legislación a través de la cual el poderoso y voraz vecino del norte los condena a una muerte segura.

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