De Villepin, eterno rival de Sarkozy, queda fuera de la batalla por la Presidencia

  • El ex primer ministro no consigue presentar los 500 avales de cargos públicos necesarios para ser candidato · Aunque los aspirantes serán proclamados oficialmente el lunes, los principales han logrado las firmas

Una decena de candidatos concurrirán a la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas de abril, entre ellos los dos favoritos a convertirse en jefe del Estado según las encuestas, el conservador Nicolas Sarkozy y el socialista François Hollande.

Después de que ayer terminara el plazo para presentar las candidaturas a estos comicios ante el Consejo Constitucional, acompañadas de las 500 firmas de cargos públicos necesarias, la máxima autoridad jurisdiccional francesa tendrá ahora que revisar los avales y proclamará oficialmente a los aspirantes el lunes.

De los precandidatos, diez aseguran que tienen esos avales y otros dos afirman que cuentan con opciones de poder participar en la carrera por el Elíseo, de la que se ha quedado fuera el ex primer ministro Dominique de Villepin, quien no obtuvo las firmas necesarias.

El ex jefe del Gobierno, enfrentado políticamente con Sarkozy, se quejó de que en Francia "sea más difícil para un hombre de experiencia concurrir a las elecciones que para candidatos fantasiosos".

De momento, De Villepin, al que los sondeos no daban más del 1% de intención de voto, se negó a dar su respaldo a otro candidato.

Además de De Villepin, se quedan fuera de la carrera el ultraderechista Carl Lang -ex alto cargo del Frente Nacional crítico con la actual presidenta, Marine le Pen- o el ecologista Jean-Marc Governatori.

Las dudas sobre si podrán o no presentarse a los comicios recaen sobre la ex ministra de Ecología Corine Lepage y el populista Nicolas Miguet, que se califica como el aspirantes de los contribuyentes, quienes indicaron que tendrán que esperar a la revisión de los avales para conocer si han superado los 500 apadrinamientos de cargos públicos que requiere la ley.

Por su parte, Hollande, Sarkozy, la ultraderechista Le Pen, el centrista Francois Bayrou, el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, la ecologista Eva Joly, la ultraizquierdista Nathalie Arthaud, el trotskista Philippe Poutou, el soberanista Nicolas Dupont-Aignan y el gaullista de izquierdas Jacques Cheminade afirmaron tener los 500 avales.

La ley de los avales, adoptada en 1976, ha provocado siempre una gran polémica en Francia, sobre todo entre los candidatos que tienen respaldo popular pero poca implantación partidista.

Es el caso de Le Pen que, como su padre, Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional (FN), aboga por reformar esa ley. Actual presidenta del FN, una formación que apenas tiene alcaldes, Marine Le Pen cuenta con más del 15% de intención de voto, según los sondeos, pero ha tenido que trabajar duro para conseguir los avales.

Finalmente, tras haber asegurado en varias ocasiones que peligraba su candidatura, anunció el martes que disponía de los 500 apadrinamientos. Le Pen llegó, incluso, a presentar un recurso ante el Constitucional para revisar la norma y pedir que los avales fueran anónimos. De esa forma, se evitarían las presiones que, asegura, los grandes partidos ejercen sobre sus alcaldes para evitar que le den su aval. Pero la idea no fue admitida por el Constitucional, en nombre de la transparencia democrática.

La posibilidad de que una candidata como ella se quedara fuera de los comicios ha llevado a los dos principales partidos a anunciar medidas para reformar el sistema.

Tanto Sarkozy como Hollande se han mostrado partidarios de introducir otras formas para poder concurrir a las presidenciales, como la presentación de firmas de ciudadanos, una reforma que se debatirá en la próxima legislatura.

La ley establece que deben presentarse los avales de 500 cargos públicos procedentes de, al menos, 30 departamentos diferentes sin que más del 10% de ellos provenga de un mismo departamento.

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