Sarkozy mantendrá sus políticas sea cual sea el resultado electoral

  • Los sondeos pronostican dificultades para la formación del presidente francés en los comicios municipales y cantonales, cuya primera vuelta tiene lugar el domingo

A tres días de la primera ronda de las elecciones municipales y cantonales que se perfilan difíciles para los candidatos de su partido conservador, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, prometió ayer mantener el rumbo, mientras la izquierda llama al electorado a un voto de castigo.

Sarkozy, quien había afirmado a comienzos de año que se implicaría en esta campaña, ha estado ausente, mientras su popularidad caía en los sondeos, fruto, según los analistas, del incumplimiento de su promesa de mejorar el poder adquisitivo y, sobre todo, de la exhibición de su vida privada y su forma de comportarse.

Hasta que ayer, a tres días de la primera vuelta de los comicios -la segunda y última ronda se celebrará el día 16-, rompió el silencio con una larga entrevista en el diario conservador Le Figaro. Allí afirmó que mantendrá el rumbo, renovó su confianza a su primer ministro, François Fillon -cuya popularidad crece a la par que baja la suya propia- y excluyó para después de las elecciones una "gran remodelación" del Gobierno o el "plan de rigor" que la oposición de izquierdas le acusa de preparar frente al déficit y las exigencias de Bruselas.

Elegido "para cinco años", su deber es "ver las cosas en el tiempo, con distancia y sangre fría", explicó, antes de recalcar que los comicios "locales, regionales o europeos" no marcarán el ritmo de su quinquenio. "Tengo un rumbo, lo mantendré", afirmó Sarkozy, quien no se dejará distraer por las "peripecias" de los sondeos, el último de los cuales, de CSA, publicado ayer, mostraba una nueva caída de su popularidad de cuatro puntos, hasta un 38 por ciento, mientras que la de Fillon sube ocho, hasta un 55.

El jefe de Estado no puede ignorar que candidatos de su partido, la UMP, han quitado las siglas del mismo en sus folletos electorales y las fotografías donde aparecían a su lado, e insisten en la dimensión "local" de los comicios, con la esperanza de salvarse.

Fillon, cuyo estilo está en las antípodas del de Sarkozy, ha multiplicado los viajes de apoyo a candidatos de la UMP en dificultades, y ha acusado a la izquierda de alimentar un clima de "casi guerra civil". Ayer, a las afueras de París, Fillon dijo que "el proyecto de la izquierda es la revancha: han perdido las presidenciales, tienen que ganar las municipales, como si éstas fueran la tercera vuelta de las presidenciales".

El Partido Socialista (PS), que se ha marcado el objetivo de reconquistar al menos 30 de las 40 grandes ciudades perdidas en 2001, llamó al voto de castigo. Ayer, el jefe del grupo socialista en la Cámara de los Diputados y que previsiblemente será reelegido alcalde de Nantes, Jean-Marc Ayrault, pidió a los franceses "votar fuerte" frente a un presidente "sordo" que "dice que no cambiará nada sea cual sea el voto de los franceses el domingo".

El líder del PS, François Hollande, por su parte, quiere movilizar al electorado desde "la primera vuelta" donde "todo se decidirá", al advertir contra la "trampa" de los sondeos que auguran a la izquierda una verdadera ola rosa. También le vaticinan un aumento de su mayoría en los departamentos en las cantonales.

Además de conservar las alcaldías de París y Lyon, los socialistas podría hacerse con Estrasburgo y Toulouse, entre otras grandes ciudades, sin que se descarte que se adueñen de Marsella, segunda del país y bastión de la UMP.

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