Medvédev se estrena en una reunión donde no faltarán contenciosos bilaterales

  • El presidente ruso hace mañana en Japón su estreno en una cumbre del G8 en la que le esperan conversaciones difíciles por los contenciosos que Rusia tiene con las mayores potencias mundiales

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El presidente ruso, Dmitri Medvédev, hace mañana en Hokkaido (Japón) su estreno en una cumbre del Grupo de los Ocho (G8), en la que le esperan conversaciones difíciles por los contenciosos que Rusia tiene con las mayores potencias mundiales.

Además "la tarea de Medvédev es demostrar que no es un mero sucesor en el poder, sino un jefe de Estado independiente", según dijo el analista Víctor Mikelson sobre el que fuera el delfín del ex presidente y actual jefe del Gobierno ruso, Vladímir Putin, en el diario digital Gazeta.ru.

En sus primeras "pruebas de fuego" en China, Alemania, la cumbre siberiana Unión Europea-Rusia y en sus entrevistas, Medvédev ha procurado distanciarse de su antecesor y presentar una imagen y un discurso más suaves, si bien dejó claro su continuismo en política exterior.

En el club selecto que forman los países del G8 (EEUU, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón y Rusia), el jefe del Kremlin no tendrá mayores problemas con la agenda, centrada en el cambio climático, las crisis financiera y alimentaria, la escalada del precio del petróleo, la ayuda a África y la seguridad global.

Los principales escollos le esperan en algunas de las conversaciones bilaterales que mantendrá con prácticamente todos sus colegas del G8, de los que el Kremlin sólo no mencionó al primer ministro de Canadá, Stephen Harper.

Medvedev se reunirá con los presidentes estadounidense, George W. Bush, y francés, Nicolas Sarkozy; los primeros ministros japonés, Yasuo Fukuda, británico, Gordon Brown, e italiano, Silvio Berlusconi, y con la canciller alemana, Angela Merkel, cuyo país fue el primero occidental que visitó tras su investidura en mayo.

Además, se espera que se entreviste con los presidente chino, Hu Jintao, surcoreano, Lee Myung-bak, y, posiblemente, con los de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de la India, Pratibha Patil.

El asesor de Medvédev para Asuntos Internacionales, Serguéi Prijodko, adelantó hoy que las conversaciones más complicadas serán con Bush, Brown y Fukuda, aunque expresó la esperanza de que, al ser su primera cita con el jefe de Estado ruso, se imponga el diálogo.

Con EEUU, dijo, persisten "graves divergencias" sobre la defensa antimisiles en Europa, el régimen de reducción de armas estratégicas una vez que a finales de 2009 expire el tratado de desarme START-1 y la militarización del cosmos.

En Europa, las diferencias con EEUU se refieren a la secesión de Kosovo, el futuro control de las armas convencionales, la ampliación de la OTAN y los intentos de "atraer" a la Alianza a Ucrania y Georgia, los vecinos más pro occidentales de Rusia, explicó.

Añadió que Rusia espera que EEUU le conceda un régimen comercial normal y suprima restricciones comerciales como la enmienda Jackson-Vanik, que se arrastra desde tiempos de la URSS.

Medvédev y Bush deben resaltar la importancia de no interrumpir la cooperación bilateral tras el próximo relevo en la Casa Blanca, pues "en Rusia está asegurada la continuidad de la política exterior, pero en EEUU puede haber problemas con ello", indicó.

Por otra parte, Prijodko calificó de "anormales" las relaciones tensas que Rusia y Gran Bretaña mantienen desde el asesinato en 2006 en Londres del ex espía ruso Alexandr Litvinenko, quien en una carta póstuma responsabilizó de su muerte al servicio secreto de Putin.

Rusia deniega la extradición del principal sospechoso en aquel homicidio, cometido con polonio radiactivo, y a su vez reclama la entrega del magnate Borís Berezovski y del político chechén Ajmed Zakáyev, exiliados en Londres.

A estos litigios se añade el cierre por demandas fiscales en Rusia de las filiales del British Council, que promociona la cultura del Reino Unido, y el conflicto en la petrolera conjunta TNK-BP, cuyos accionistas británicos acusan a los rusos de utilizar al Kremlin y la Justicia para hacerse con el control de la compañía.

Con el país anfitrión, Japón, Rusia teme que Fukuda plantee la disputa territorial de las cuatro islas Kuriles anexionadas por la URSS en 1945, litigio que impide que Moscú y Tokio firmen un tratado de paz para poner un final oficial a la Segunda Guerra Mundial.

El propio Medvédev declaró esta semana que en el asunto de las islas no se debe "esperar milagros ni dramatizar la situación", sino impulsar la cooperación bilateral mientras continúan las consultas.

De forma más distendida, Medvédev hablará con Merkel, Berlusconi y Sarkozy sobre cooperación bilateral y asuntos europeos, incluida la negociación de un nuevo acuerdo marco entre Rusia y la UE, cuya presidencia rotatoria acaba de asumir Francia.

Sin embargo, también aquí pueden surgir temas espinosos, como la seguridad y rivalidad energética, el papel ruso en los conflictos separatistas en el espacio postsoviético, ante todo en Georgia, y la presión sobre la prensa y las organizaciones no gubernamentales en Rusia.

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