Nuevos vientos del Norte

Nordic Voices. Femás. Componentes: T. E. Braaten e I. Hanken, sopranos; E. Rydh, mezzosoprano; P. K. Amundrød, tenor; F. Havrøy, barítono; T. Reindholsten, bajo. Programa: Lamento-Consolación (obras de T. L. de Victoria, L. Thoresen, D. Bratlie y K. Huber). Lugar: Iglesia del Convento de Santa Paula. Fecha: Jueves 22 de marzo. Aforo: Lleno.

El poco original nombre del sexteto vocal noruego que anoche visitó el Femás tienta a quien sobre él escriba a caer en los más manidos tópicos nórdicos, y es que hubo en su concierto -celebrado en un marco incomparable- una concienzuda perfección y ese punto de frialdad que forma parte del peculiar encanto escandinavo.

Aunque enmarcado en un festival de música antigua, ni la mayor parte del repertorio cantado fue histórico ni la formación (voces mixtas a cappella en tesituras agudas, con un sonido sin vibrato muy británico) correspondió al estándar del tiempo de las únicas obras renacentistas interpretadas, una selección de las Lamentaciones de Victoria. El buen sonido y empaste, la excelente prosodia y la notable afinación no impidieron que se echara de menos una mayor capacidad de transmitir los sentimientos latentes en los pentagramas del abulense, y es que en polifonía renacentista la línea que separa la rutina de la emoción es muy delgada.

Sin embargo, las prestaciones del sexteto en las obras contemporáneas compensaron de sobra cualquier posible limitación en otros repertorios. Con la misma limpieza -incluso en la entonación de dificilísimos acordes y amplísimos intervalos- exhibieron, ahora sí, dinámicas extremas, variados timbres y todo tipo de recursos, desde el susurro y el glissando a la imitación del viento. Las más ortodoxamente contemporáneas obras de Bratlie y Huber (plagada esta de acordes estáticos, tan bellos como disonantes) quedaron flanqueadas por las largas y ambiciosas del noruego Thoresen, inspiradas en la tradición folclórica nórdica, en una línea no lejana de la del estonio Veljo Tormis: recitaciones, imitaciones y consonancias paralelas de aire modal se combinaron con momentos politonales y el uso de multifónicos de la tradición asiática, que cerraron brillantemente el concierto en el bis; ya sin partitura, los cantantes parecieron liberarse de toda atadura.

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