El extra que cocina salmones a la vikinga

  • Este danés redime en el Salvador y en la Hiniesta las culpas de Bergman. Vino a Sevilla buscando a un amigo argentino y en la película de Tom Cruise hace de viajero austriaco

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Hace salmones ahumados a la vikinga, suculencia navideña en serrín de roble y enebro de Cazorla. Convivió con los indios emparás en la selva colombiana. Fue a la India en autoestop para conocer in situ la vivencia del budismo. En su tarjeta de presentación, Klaus Breiö (Birkeröd, Dinamarca, 1949) dice que es especialista en Culturas Indígenas. A todo ese bagaje añadirá que trabajó de extra en una película de Tom Cruise.

En la charla con Klaus en el bar Alfalfa, su primera referencia cinematográfica es a Bergman. Y no de admiración precisamente. En su país daba clases de Religión y Matemáticas. Cambió la Religión por la Semana Santa de Sevilla. “Cuando volví de la selva a mi país, pregunté por Antonio, el amigo argentino con el que vivía en Dinamarca. Me dijeron que se había venido a Sevilla. Vine a buscarlo”.

En esa búsqueda, se hizo “más católico y menos protestante”. “El perdón del protestante es automático, no le ponen velas a nadie. Por eso en las películas de Bergman hay tanto trauma y culpabilidad en las espaldas del escandinavo. Porque no se lo creen. Pero yo de vez en cuando voy al Salvador y hablo con mi Jesús de la Humildad”.

En su particular regreso al futuro, dice que en 1984 en Los Caños conoció “a la madre de mi hija”. En 1991 nació Malu, que hoy estudia Psicología, “igual que su madre”. Klaus se especializó en intercambios culturales, acarreo de ida y vuelta de sevillanos de la capital y los pueblos –Gilena, La Rinconada, Morón, Marchena...– con jóvenes de media Europa, incluida toda Escandinavia y hasta un intercambio con Groenlandia, con esquimales de Qaqortoq “que ya no viven en iglús, sino en pisos”.

Es el guionista de esas películas viajeras, con argumentos como el estudio de los pájaros entre Finlandia y Doñana o la realización de estatuas de piedra en playas de Turquía. Incondicional de la Hiniesta cada Domingo de Ramos, un día una amiga le dijo que se iba al casting de una película americana que iban a rodar en Sevilla. La acompañó y fue su perdición.

Hasta en cuatro escenas ha participado, aunque una de ellas, en la que lo caracterizaron como pintor, ha quedado inédita. Tuvo a Tom Cruise a dos pasos. “En la estación de tren de Santa Justa, que en la película es la de Salzburgo, paso por detrás de él como un viajero”. Una escena con un valor sentimental añadido: esa estación la diseñaron Antonio Cruz –Tom Cruise de la arquitectura sevillana– y Antonio Ortiz en los antiguos campos de San Benito donde tantos fines de semana jugó Klaus al fútbol con sus amigos visitadores médicos.

Mientras en Copenhague se rueda Rambo 6 a cuenta del cambio climático, Klaus ha participado en la escena de los sanfermines de la Maestranza y el equipo de casting le recordó que “no me olvidara de mi sombrero”. “La verdadera película ha sido la cola de gente en el casting, sobre todo del Polígono San Pablo. Todos, incluido Tom Cruise, pasando un frío terrible. Yo creo que el frío que pasamos todos juntos nos unió, ha reforzado el buen ambiente. La gente se creía que iba a Hollywood”. Para ser una vocación tardía, está satisfecho con su rendimiento. “Me han dicho que tengo disponibilidad y una presencia tremenda”.

Si Tom Cruise y Cameron Díaz se quedan en Sevilla para pasar las Navidades pueden contactar con Klaus para conseguir un exquisito salmón al limón y al perejil servido en cuenco de eneldo. Cree que Sevilla ha enamorado al equipo de la película. “No olvidaré ese momento en que al terminar uno de los rodajes, el director se dio la vuelta y nos aplaudió. Se han roto las barreras entre americanos y sevillanos. Y es que a veces pienso que me han elegido porque les confirmo el tópico de los sevillanos”.

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