El 'ye-yé' en la cultura del pan

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Francisco Castaño Amador, 'Quico', va de panadero por la vida. Pero de los de antes, cuando el pan era pan y el vino, vino. Eso quiere decir que lo que se hace en su panadería está bendecido por la tradición y por la solera de un aprendizaje que comenzó cuando tenía trece años, allá por los años sesenta. Otros tiempos. Entonces se amasaba a mano, el reparto se hacía en burro, la mecanización brillaba por su ausencia y la receta del buen pan se guardaba celosamente en la memoria o apuntada.

Tiempos en los que la panadería era centro de cultura nocturno, con radio y teléfono público, el horno encendido en crudos inviernos y lugar de refugio de la Guardia Civil que pululaba por las calles con capote en ristre.

Sus manos han amasado ya millones de panes y bollos desde que entrara a formar parte de la histórica y cumbreña Panadería Moreno, de los Moreno de toda la vida, que diría Carlos Herrera. Cuando los hermanos Moreno se jubilaron en 1994, se hizo cargo del negocio, al que rebautizó con el cariñoso nombre de 'Panadería el Peque', junto a su mujer, Antonia, y sus hijos, Rocío y Paco. Un clan que ha sabido conservar las viejas recetas del pan cocido en horno de leña y que ha añadido el encanto de dulces caseros. Las perrunillas y 'madalenas' tienen poco que envidiar a los sabores de 'el Bulli', además se hacen a diario, después del pan. Aceite virgen de oliva, azúcar, huevo y harina, más los secretos de la abuela, aportan el truco necesario para que el aroma dé la voz de alarma que despierta paladares. Su carta incluye también las afamadas tortas de chicharrones, hechas a la antigua usanza, que 'vuelan' literalmente cada domingo de otoño-invierno a recónditos lugares.

'Quico' asegura que para hacer buen pan se necesita "paciencia, muchos años de trabajo, una buena formación y materias primas de primera". Huye de las prisas y mima la masa cuando le da forma a la 'telera', la viena o el bollo.

En sus tiempos mozos bautizó una pieza de pan con el nombre de 'ye-yé', que aún pervive. Era su aportación a la historia universal del pan. El fue (los es aún) un chico 'ye-yé' de Vespa a lo Woo, flequillo y vida divertida.

Hoy, en su Cumbres Mayores natal, anima y garantiza las veladas de la Virgen del Amparo y mantiene tradiciones como la del bollo repiquiñeado para la romería de la Virgen de la Esperanza.

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