Una vida con los farmacéuticos

  • Colegiado de honor

Llegó de niño para hacer los recados y se acaba de jubilar en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Huelva que le ha nombrado colegiado de honor con ocasión de las fiestas patronales dedicadas a la Inmaculada Concepción. Estudiaba en el colegio de la parroquia de San Pedro, en la esquina de la plaza, allí el maestro Genaro Hernández Cuervo, lo recomendó para el colegio que en petición de Antonio Contioso necesitaba un chaval para que les echara una mano. Enrique Vizcaya continuó con sus clases en el Politécnico del padre Laraña. Empezó en la sede de la calle san José y de ahí a la de la calle Palos, en la antigua Casa del Diablo, eso fue cuando volvió de la Mili. Dice que de este tiempo tiene magníficos recuerdos con los tres presidentes, con Francisco Vázquez Carrasco, Rafael Díaz Mantis, con ambos estuvo 25 años en cada caso, y con el actual Francisco Peinado, tres años.

Como la mayoría de los trabajadores del colegio y por la buena labor de Francisco Vázquez Carrasco, Enrique Vizcaya sería hermano de las hermandades de la Buena Muerte y de la Cinta, de donde el presidente del colegio era hermano mayor. En ambas ocupó el cargo de mayordomo y de cuya tarea guarda también gratos recuerdos. Un tiempo en el Colegio de Farmacéutico donde además de realizar una labor profesional de cercanía con el público y los colegiados mantuvo una cordial amistad con Manuel Roméu, Rafael Peguero y Manuel Díaz. Ahora con la jubilación dice que sus compañeros se han portado muy bien con él y recuerda con especial afecto al farmacéutico Juan Romero Rabadán, al que ha considerado como un padre.

Ahora con la jubilación tiene más tiempo para estar en su casa del campo, en Gibraleón, donde disfruta con los caballos.

Un tiempo ganado después de tantos años de trabajo dedicado al Colegio Oficial de Farmacéuticos, del que dice que siempre llevará en su corazón por todo el afecto recibido durante tantos años.

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