Las ventas en las librerías de Huelva bajan un 40 % en 2007

  • Los libreros son escépticos con el cambio de lugar y siguen prefiriendo la plaza de las Monjas · Bernardo Romero realiza un pregón en el que destaca el avance cultural de las nuevas generaciones

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No sabe uno muy bien a qué huele aquí, si a adobo o a garbanzos con bacalao, de la última Feria de la Tapa o es que llega confundido con los sones del último Carnaval Colombino. Lo cierto es que a la Feria del Libro este año la han mandado a las carpas, a las carpas de la entrada de Huelva, en la avenida de Andalucía. Son ya muchos cambios en poco tiempo y así, además lo constatan los libreros. Desde que la plaza de las Monjas se remodeló no hay quien ponga un tornillo en el suelo, a pesar de que el material del embaldosado -de tercera o cuarta- tiene más agujero que un colador. El pasado año la feria se trasladó al paseo de Santa Fe, un lugar cercano que quizás algún día con el futuro centro cultural en el viejo cuartel-mercado de Santa Fe pueda convertirse en el foco cultural que el centro aún demanda y que por lo pronto se le tiene negado en la plaza de las Monjas. Y es que fue cambiar la feria unas calles para que esta no tuviera el acompañamiento del público, reflejado en los resultados de venta que dieron a conocer los libreros y que tuvo una estrepitosa caída.

Ahora hay quien cree que esta es una ocasión para desentralizar las actividades culturales en la ciudad y traer hasta el principio de la ciudad la feria del Libro, al amparo del éxito de otras actividades que no tienen nada que ver con los libros, pero que pueden acompañar. Pero aquí se le quiere asociar con lugar de ocio, con gente de paseo, sitio 'guardería' con los módulos de juego para niños, incluso con su bar cafetería y aparcamientos. La verdad es que está bien vincular el libro con el ocio, pero aquí se ve poca gente sentada con libro en las manos, al menos así se pudo comprobar ayer en la inauguración, si hay gente es corriendo, que no es que pasen de los libros, que quizás sí o no, es que van más por los senderos asfaltado de las carreras. Gente que como dicen algunos libreros, van a eso, a correr, y no llevan cartera para comprar un libro, que está bien lo de la promoción, pero ellos lo que quieren y también le interesa es vender, que para eso tiene tanto ajetreo el llevar y traer para montar la feria.

Sin embargo ahí está la plaza de las Monjas que es lugar de tránsito en un centro comercial abierto, donde se va de compra y también se puede ir a comprar algún libro. Ese movimiento es el que se ha beneficiado la feria, un público que ha captado, que va y viene por el centro. La plaza de las Monjas ha sido fiel compañera del libro para captar al posible comprador-lector, y es que la plaza ha tenido siempre su encanto, a pesar de tanto cambio a veces desafortunado, con su kiosco para la música, aunque siempre ha sido ignorado en la feria y pronto, quizás para la próxima edición, hasta con cafetería-restaurante, sin olvidar las de los alrededores y el puesto de las hamburguesa.

Mientras que ahora que la plaza que tiene más espacio para compartir se aleja de estos eventos que necesitan más de mimos que de inventos y es que la feria del libro ya estuvo en la avenida de Andalucía, en el tramo central y el resultado fue tan calamitoso que volvió a donde siempre. Lo cierto es que ayer los libreros consultados por este diario mostraban sus dudas por el espacio elegido, constatando su belleza pero que no repercutiría en las ventas. De cualquier forma dejaron abrir una puerta a la esperanza para ver cómo les va estos días. Más cuando se enfrentan a una situación que les puede resultar crítica sino tienen algo de imaginación y comparten la librería con un negocio complementario, venta de periódicos y revistas, juguetería e incluso sorteos de las apuestas del Estado. Lo más preocupante es que las ventas han bajado en 2007 hasta un 40% , debido principalmente al perjuicio que le está ocasionando la ley del libro gratuidad de los libros de textos.

La Feria del Libro se inauguraba ayer, al menos con sol, a pesar de tanto pronóstico de lluvia lo que para el pregonero de este año, Bernardo Romero, era una cuestión esperanzadora y que le sirvió de hilo conductor de su intervención. Lo que también le sirvió para buscar un apoyo positivo frente al informe Pisa en el que no deja bien parado a los andaluces o a las críticas de alguna diputada realizadas desde Madrid. Haciendo un repaso a la historia en la que el hombre hace relativamente poco tiempo que encontró la forma de comunicarse hace unos cuatro mil años frente a los cuatro millones de su existencia. Mientras que ahora con las nuevas tecnologías hay más capacidad para el almacenaje de información que la que ofrecían los libros y menos para la reflexión. Los nuevos tiempos para nuestros jóvenes que, como dijo, hoy han superado a otras generaciones, viendo así una ventana para escaparse del informe Pisa. Unos jóvenes que, además, "leen más y tiene más capacidad de reflexión que nosotros", por eso asegura que "los tiempos cambian a mejor".

En la inauguración intervino el alcalde, Pedro Rodríguez, que destacó la importancia de la Feria del Libro dentro del panorama de Andalucía, al ser esta la más antigua e invitó a acercarse a los libros porque "nos enseñan, nos descubren nuevos mundo, una aventura para ser más felices". Por su parte Manuel José de Lara, vicerrector de la Universidad de Huelva, señaló que la feria es una oportunidad para acercarse a la sociedad a la que se ofrece todo el conocimiento científico. Mientras, Antonio Ponce, presidente de la FOE apuntó que la feria cuenta siempre con el apoyo de la asociación de libreros.

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