Los vecinos de El Carmen piden más vigilancia policial nocturna

  • Denuncian que, cuando cae la noche, algunos menores de edad convierten el barrio en el objetivo de sus gamberradas "sin que nadie haga nada por detenerlos"

Rodeada por los barrios de La Orden, Las Colonias y Marismas del Odiel y al amparo del Conquero surge esta barriada de gente humilde cuyo origen se remonta a los años 60, cuando cientos de personas de los pueblos de la provincia acudieron a la llamada del empleo en el recién estrenado Polo Químico de la capital. A pesar de que ya no quedan tantos de aquellos obreros en el barrio, ha mantenido su idiosincrasia gracias a los inmigrantes que han poblado sus baratas viviendas en los últimos años, convirtiendo a El Carmen en uno de los núcleos residenciales con más etnias por metro cuadrado de la ciudad.

Aunque todo el vecindario destaca que el ambiente en la barriada es tranquilo, tiene una espinita clavada que últimamente quita el sueño a más de uno: un grupo de gamberros se reúne en la esquina de la calle Hermano Carlos Obrero de María y la Avenida del Ancla. "Queman la cabina de teléfono de la esquina, meten fuego a colchones enmedio de la carretera, pintan la fachada de Cajasol y destrozan todo lo que pueden", manifestó Juana Martín, a lo que añadió que "si necesito ir al banco a por cambio me da miedo pasar por ahí, en un momento dado son capaces de darme un tirón".

Juan Daniel Vázquez es de los que piensa que "la Policía se debería dejar ver más por la noche, que es cuando estos pequeños delincuentes actúan", una medida que serviría para disuadir a los malhechores. Se trata, dicen, de "niñatos que no son de este barrio sino de Marismas del Odiel y vienen aquí a destrozarlo todo". Fernando Rodríguez indicó que "me han robado cinco o seis veces y ya estoy harto".

Para Gaspar Domínguez, lo más negativo de esta pequeña banda juvenil es "que se sientan en los portales de los bloques y no dejan ni pasar a la gente, casi hay que pedirles por favor que te dejen acceder a tu casa y ya son muchos los vecinos que han optado por poner rejas en los soportales". Su hermano, Francisco Domínguez, opina que "los contribuyentes somos los que estamos más inseguros; las leyes están hechas para los delincuentes, se protege a estos niñatos que campan a sus anchas por todas partes sin que podamos hacer nada por detenerlos".

La falta de estacionamiento se ha visto suavizada por la creación de una nueva zona de aparcamiento en la Avenida de la Raza. Sin embargo, hay comerciantes como Juana Martín que manifiestan que "si quieres aparcar a partir de las 20.30 horas se convierte en una misión imposible. Te aburres dando vueltas y a veces piensas en subirte el coche al balcón de casa de pura desesperación". Asimismo, apuntó que en la esquina conflictiva "no podemos arriesgarnos a dejar nuestros coches y a menudo nos vacían la gasolina del depósito o aparecen los vehículos con las ruedas pinchadas".

En cuanto a la limpieza de las calles, "andamos bien y tenemos a un barrendero maravilloso que se esmera mucho y nos lo deja todo brillante", explicó Martín. La única queja a este respecto la realizan los propietarios de negocios del pasaje que comunica a las calles Tres Carabelas y Antonio Rengel. Ellos afirman que "esta zona está sucia y descuidada".

Los espacios para que los menores jueguen se reducen a "el patio del colegio, donde también practican deporte, y a las calles sin salida, lugares en los que no hay demasiado tráfico y pueden divertirse sin estar en peligro", asegura la onubense María Reyes.

En lo que a las infraestructuras se refiere, los habitantes de El Carmen se muestran "contentos" con la remodelación que recientemente ha hecho en la zona el Ayuntamiento de Huelva. "Las aceras están muy bien y no tenemos queja alguna", afirma Juan Daniel Vázquez desde el bar El Carmen.

Por su parte, la actividad comercial ha decaído también en los últimos años. "Antes éste era un barrio muy alegre y con una actividad comercial importante, pero con la llegada del euro todo se ha ido al garete", contó Francisco José Morató desde su ferretería, una afirmación en la que coinciden Sara Cañado y Fernando Rodríguez, que están pensando en cerrar su carnicería.

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