La tradición arde en forma de círculo

  • Los aracenenses celebran la noche de los rehiletes en diferentes plazas y lugares del municipio serranol noche lluviosa La lluvia caída durante la noche previa a la Pura deslució la costumbre en Aracena pero no impidió el encendido de las candelas.

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La Sierra se ha inundado durante estos días en consonancia con el mayor puente del año de muchas actividades y tradiciones ancestrales, aunque la lluvia quiso hacer acto de presencia y deslució en parte una de las grandes noches que posee la localidad serrana de Aracena.

Se trata de la noche de los rehiletes, que sirve para rememorar tradiciones pasadas y secundadas con fervor desde siempre sin llegar a perder su esencia en el presente. Muchos visitantes cogieron esta noche de víspera de la Pura en Aracena como bálsamo para no irse de vacío de la Sierra sin ver fiestas tan particulares como los rehiletes.

En torno a las candelas y como preludio del día de la Inmaculada Concepción esta celebración sirvió para finalizar una intensa jornada con una de las tradiciones más queridas entre los cebolleros, vecinos de Aracena, por perdurar tanto en el tiempo en barrios y calles de la ciudad. Una de las más conocidas estaba en la Plaza Alta, en un marco incomparable entre la parroquia y el Cabildo Viejo. Sin embargo, este año debido a las obras de la propia plaza esta candela perdió peso y ha sido más popular la situada junto al edificio del Cabildo. De allí se podía bajar hasta el barrio de Santo Domingo, con una de las candelas más grandes, ubicada junto a la fachada de la ermita. También había candelas en la calle Alegre, al lado de la plaza de toros, en el recinto ferial y en la calle Cantarrana dentro del barrio de San Roque. Incluso los nuevos barrios como el Cercado de Reyes no pierden las costumbres del pueblo y también realizaron su particular candela.

Como es habitual, en torno al calor de la candela los vecinos aportan los productos típicos de la Sierra para asarlos al lado de un buen vino. El tiempo no ayudó a ello demasiado pero, al menos, permitió que se encendieran las enormes candelas. Durante la tarde con toda la lluvia caída sobre Aracena había niños mojándose intentando arrimar los palos y cualquier artilugio de madera para formar una gran candela que perdurara toda la noche. Casi nunca dejó de llover pero era una llovizna leve y no impidió la celebración de esta fiesta algo más reducida de público que en otras ocasiones. La excepción fue la candela de Santo Domingo ya entrada la noche ya que al ser retransmitida en directo por un programa de televisión nacional contó con mucha presencia de vecinos y curiosos.

Los rehiletes están formados con numerosas hojas de castaño prensadas sobre una vara de olivo y sujetas en la punta por una castaña para que no se salgan y son prendidos gracias al fuego. Quienes lo sujetan, niños, jóvenes y mayores, se dedican a darle vueltas constantemente en círculo con el brazo extendido para no quemarse. Las candelas están protegidas dentro de un espacio para impedir posibles incidentes con coches cercanos, y sobre todo, con los propios aventurados que prenden los rehiletes. En algunas ocasiones, el pelo y la ropa pueden quedar algo chamuscados, pero no pasan de ahí gracias al control exhaustivo de los padres y asistentes.

Esta fiesta comienza días y semanas antes ya que los niños se acercan a los castañares cercanos para hacer sus rehiletes con las hojas caídas del suelo. Ahora las cosechas de castañas son cada vez mas cortas, pero antes los dueños estaban encantados porque los niños recogían las hojas y limpiaban sus castañares facilitando la recogida del fruto.

Tras esto sólo queda pasar una buena noche en torno a la candela con conocidos y desconocidos en un mágico entorno como la noche otoñal en la Sierra. Y para los habilidosos está el reto de prender todos los rehiletes guardados de forma que no se apaguen con la velocidad del brazo en el giro del mismo para formar auténticos arcos de fuego llenos de magia y simbolismo cristiano. Por supuesto las estelas de llamas llenas de chispas no faltan en cada barrio de Aracena.

La fiesta de los rehiletes hace muchos años tomó un matiz religioso con la Inmaculada Concepción y las candelas sirven como purificación en torno al fuego de la noche serrana.

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