La torre de Calatrava

  • Ocurre con las ciudades lo propio de una colmena de inquilinos: el etiquetaje lleva a la inercia l En Huelva, en cuestión de maquetas, impera la duda l Sucede aún con los puentes de Manterola

Amenudo sorprenden las perspectivas de la Psicología del Urbanismo, y el paralelismo que hay entre las ciudades y el microclima de sus inquilinos: siempre hay etiquetaje, la pesada lacra del etiquetaje, un trampolín a la inercia. "Huelva es así, y así ha sido siempre", dicta un complejo de inferioridad (¿?) El alcalde se ha empeñado siempre en enmendar esa autoestima con inyecciones de orgullo colectivo (por eso ahora se han puesto de moda las réplicas discursivas del onubensismo). No parece ésta una cuestión que pueda liquidarse en 12 años. El caso recuerda al relato de El elefante encadenado, que Bucay retoma de la tradición. El animal no se escapaba del circo porque fue amaestrado en su infancia. De adulto tenía una fuerza descomunal, pero seguía rendido a unas ridículas cadenas.

Los comentarios de nuestros lectores en Internet dan la pista de que, en cuestión de maquetas, lo que impera es la duda. En su defecto, la intuición de que todo va a seguir igual, a cuentas de la eterna guerra entre partidos. Es también el rumor de la calle, un cansancio al que debería poner oído atento la clase política. La escéptica reacción a la propuesta de Calatrava es sólo un ejemplo al que se suman los puentes de Manterola y un largo etcétera de futuribles electorales.

Calatrava proyecta un hotel-rascacielos de 100 pisos, junto a una futurista estación del AVE. El arquitecto había escuchado que "en Huelva había unos campos preciosos". Se congratuló el viernes cuando llegaba a la ciudad desde Sevilla, y veía como lo que había visualizado en tierras foráneas encajaba como un guante con el paisaje que estaba conociendo por vez primera. Desde entonces, respuestas ha habido de todos los colores, desde el aplauso a la ambiciosa maqueta (la categoría del arquitecto es incuestionable); hasta los que ni se han inmutado porque, simplemente, no se lo creen. En esta última vertiente tienen ustedes para elegir varias modalidades, ninguna excluyente: (1). Los que no se creen que la maqueta vaya a ser nunca una realidad, máxime sin fechas ni presupuestos, pues la ministra se abstuvo de concreciones, "después de lo que ha pasado en Cataluña", dijo. (2). Los que no se creen que esa maqueta se haya hecho expresamente para Huelva. Y ahí está el Ayuntamiento y las voces también de algunos arquitectos de renombre en la ciudad. Curro Moro no anduvo con rodeos el viernes cuando repitió, micrófono abierto, que la presentación -una ceremonia socialista- era "una estafa, con una maqueta hecha no se sabe cuándo ni para qué ciudad". (3). También hay escepticismo técnico: ¿Es posible levantar una estructura más alta que la torre Eiffel en aquella zona de marismas? Otro ingrediente interesante (4): la financiación. Si no bastan los aprovechamientos urbanísticos conveniados en la operación con Renfe, tendrá que ser el Ayuntamiento el que se saque la cartera; y la cartera no está para muchos lujos.

En la otra perspectiva está, efectivamente, la necesidad de ambición y de erigir en Huelva reclamos que merezca la pena visitar. No hay dilema, si hay apuestas viables.

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