Cuando servir se convierte en arte

  • Empresario de hostelería

Después de treinta años dirigiendo establecimientos hoteleros y recorrer España a lo largo y ancho, decidió instalarse por su cuenta y asentarse en la ciudad que le atrapó gracias a su mujer: Huelva, donde ha cambiado el traje de chaqueta por el madil, para regentar desde diciembre del año pasado 'La Tramoya', un bar ubicado en pleno centro de la capital, donde la base del trabajo es la educación, la tranquilidad y donde la norma es "nunca decir que no". En definitiva, donde Bernardo ha demostrado que servir puede convertirse en un auténtico arte.

Nació hace 46 años en Palma de Mallorca. Tener ascendentes alemanes (su padre) y belgas (sus abuelos) le ha ayudado a ser un experto en idiomas (habla además del castellano, francés, alemán, inglés e italiano y domina la lengua catalana). Conocimientos que le han sido de gran utilidad en la profesión que ha ejercido durante toda su vida laboral. Huelva le ha dado la tranquilidad de una ciudad pequeña y cómoda y sobre todo la estabilidad: "Estaba cansado de ir de un sitio para otro".

Por eso decidió cambiar radicalmente de puesto de trabajo. Sustituyó el despacho de directivo de hotel por el mostrador de un bar, pero sin dejar en el cajón ese trato exquisito que lo caracteriza y esa tranquilidad y dedicación que a veces escasea en el sector. "El sector ha cambiado y resulta muy difícil encontrar profesionales de verdad". Una situación que atribuye a que "el español ya no está dispuesto a servir" detrás de una barra o en un restaurante, lo que ha llevado a que no exista "el camarero de antes, el de toda la vida". Precisamente el que lo define a él, aunque para dedicarse a ello haya tenido que cambiar dos nóminas (la suya y la de su mujer) por la inversión en su propio negocio, donde el cliente siempre tiene razón "si lo que dice, reclama o pide lo hace con educación".

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