Con el ritmo en las manos

  • Batería

Miguel Lagares lleva el ritmo en la cabeza y en las manos. Nacido en La Palma del Condado, desde muy joven se aficionó a estar con dos palos aporreando todo lo que se encontraba dentro y fuera de su casa. Cuenta que utilizaba cualquier cosa para sacar ritmo, las sillas, los sillones, las mesas pero, sobre todo, le tomó el gusto a los cubos. "A mi madre se los tenía todos desfondaos".

Con esta actitud era fácil imaginar que el niño acabaría detrás de una batería, que aprendió a tocar de un día para otro cuando le llegó el momento. La primera vez que se enfrentó a este instrumento fue tres días antes de dar un concierto, cuando estaba en el instituto. Un profesor de música se empeñó en dar un concierto con motivo del Día de Andalucía y comenzó a ensayar con un grupo, pero la batería, que era bastante difícil de conseguir, no llegaba. Tres días antes del concierto un hombre del pueblo cedió una batería que tenía guardada desde hacía tiempo. "La primera vez que me senté con los palillos en la mano no me lo podía creer. Después de media hora de pelea tocando cajas y platillos logré sacar un ritmo muy sencillo, mis compañeros alucinaban. Así que preparamos diez temas y dimos el concierto. Ahora pienso que fue una temeridad pero, entonces, lo hice". La cuestión es que muy mal no tuvo que salir cuando Miguel le cogió el gusto y se enganchó definitivamente a este instrumento. A partir de ese día y de una forma absolutamente autodidacta siguió practicando por su cuenta. Explica que con la batería se siente diferente, "es lo mío y sé que puedo sacar el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo. Para mí es algo natural". Tras un largo período por su cuenta y ya con batería propia acudió a una escuela donde "me hicieron algunas correcciones y pude avanzar bastante".

Miguel forma parte de dos grupos: Proyecto 80, que se dedica a versionar temas y Duendes, en el que sus componentes hacen música suya. Recientemente, Miguel además de tocar la batería ha empezado a cantar, algo que le parece mucho más difícil y para lo que "se necesita algo innato que es la voz", asegura.

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