Voces de Huelva · Aurelio Gómez

"El retraso de los incentivos merma la capacidad de los centros tecnológicos"

  • Considera que Huelva necesita más industrias de transformación, un sector muy interesante que tiene mucho recorrido por delante y en el que hay mucho por hacer

Aurelio Gómez, gerente del Centro Tecnológico de Agroindustria. Aurelio Gómez, gerente del Centro Tecnológico de Agroindustria.

Aurelio Gómez, gerente del Centro Tecnológico de Agroindustria. / reportaje gráfico: jordi landero

Ingeniero superior industrial por la Universidad de Sevilla, Aurelio Gómez ha sido gerente de Adesva. Durante su actividad como gerente de esta institución destacaron varios hitos, como la creación de un equipo de trabajo ilusionado y compacto, con una alta capacidad de autonomía, mejorando la profesionalidad y rigurosidad técnica.

-Un poco de historia, ¿qué es Adesva y cuándo se fundó?

-El Centro Tecnológico de la Agroindustria (Adesva), es una asociación empresarial sin ánimo de lucro que aglutina a más de 60 empresas e instituciones públicas representativas del sector agroindustrial y servicios auxiliares a la agricultura. Adesva nació en 2001 como una iniciativa de empresas privadas, conscientes de que tenían que unir esfuerzos para poder hacer innovación. Eran pequeñas compañías que afrontaban cada una por separado las inversiones necesarias que necesitan la Innovación, Desarrollo e Investigación (I+D+i). Ese fue el núcleo y fue evolucionando hasta que en el año 2007, Adesva obtiene la calificación de centro tecnológico andaluz y se le da la posibilidad de desarrollar su actividad en las instalaciones actuales, situadas en el polígono La Gravera, cedidas por la Agencia IDEA de la Junta de Andalucía. Tiene como finalidad atender las necesidades tecnológicas de las empresas del sector agroindustrial y fomentar la cooperación empresarial y la transferencia de tecnología; mejorando así la capacidad competitiva de este sector estratégico de la economía andaluza.

-¿Cuáles son las líneas de actuación?

-Hay dos facetas. Una es más social y va desde la ayuda, la interacción y los servicios preferentes con los asociados hasta actuaciones de defensa legal, protección y otras necesidades que tienen las empresas. La otra se refiere al ámbito técnico, como centro tecnológico que es Adesva. En este apartado hay dos líneas, una de agronomía con un laboratorio y una parcela experimental de dos hectáreas en las que se realizan distintos ensayos sobre selección varietal en fresa, técnicas de optimización en fertirrigación, que redundan en el ahorro de agua y en la calidad del fruto, y de plásticos biodegradables para el cultivo de berries.

La segunda línea técnica de trabajo se refiere a la tecnología de los alimentos y la postcosecha. Este ámbito está cimentado en la idea de que Andalucía, en general, y Huelva, en particular, necesitan más industrias de transformación, un sector muy interesante que tiene mucho recorrido y en el que hay mucho por hacer. Además contamos con otro laboratorio, en este caso una planta piloto en San Juan del Puerto, a través de un acuerdo con la Universidad de Huelva, que es uno de nuestros asociados, en la que se desarrollan ensayos para mejorar la postcosecha y nueva recetas en el ámbito de la transformación de los alimentos.

-¿El centro tecnológico produce nuevas variedades de fresa y otros frutos rojos?

-Los ensayos que realizamos aquí sobre nuevas variedades no son iniciativa nuestra, sino de una empresa que contrata nuestros servicios para llevar a cabo el cultivo y hacer los conteos. Nosotros no participamos en la parte de cruzamientos para la obtención de nuevas variedades. Ese conocimiento corresponde a la empresa, asociada o no, que realiza los ensayos de campos en nuestra parcela experimental.

-¿En qué proyectos trabajan ahora?

-Ahora trabajamos en el proyecto europeo Biomulch, cuyo objetivo es obtener un plástico biodegradable que sustituya los acolchados de polietileno que se usan actualmente en los cultivos agrícolas. Este nuevo plástico permitirá al agricultor eliminar los costes procedentes de su retirada, y paliar la problemática medioambiental que supone el uso de este tipo de materiales. Estamos haciendo los distintos testeos, con el objeto de conseguir unos plásticos biodegradables que aguanten la campaña completa de fresa y que sean una alternativa a los derivados del petróleo, cuya gestión de retirada es compleja y costosa. Llevamos diez años con ensayos en ese ámbito y hemos realizado proyectos con compañías nacionales y europeas relacionadas con el plástico biodegradable, algunas de ellas multinacionales. En la actualidad trabajamos con dos empresas, una holandesa y otra alemana.

Adesva es la entidad encargada de la validación y difusión de este proyecto. Biomulch está enmarcado dentro del Programa Horizonte 2020. Este es el segundo proyecto europeo que realizamos en este ámbito, el anterior fue Agro Biofilm.

-¿Algún proyecto más?

-Uno de ellos es para nuestro asociado Oxy-ion, que está desarrollando una máquina que se puede instalar en camiones y cámaras frigoríficas. Es una tecnología que altera los iones que se encuentran en la atmósfera y produce otros que tienen un efecto desinfectante. Lo interesante de esa técnica es que consigue que el producto acabe con las bacterias que están en contacto con esa atmósfera y por tanto tiene un efecto higienizante, tanto en las paredes del recinto donde está como en el producto. Eso disminuye mucho la carga microbiana que está en el ambiente y al disminuir la misma, el producto alarga su vida útil y es de mayor calidad. Hablamos de cualquier producto fresco como fruta y verdura. El año pasado desarrollamos tres proyectos con esta empresa.

-¿Y en el ámbito de la transformación y postcosecha?

-En este apartado hemos realizado distintos ensayos, entre otros en la obtención de nuevas recetas, esto es, productos de cuarta y quinta gama. De ésta última gama: snack de fruta desecada o gominolas de berries, bases para helado, zumo y batidos.

-¿De quién parten todas estas propuestas? ¿Son ideas suyas?

-En unos casos de nosotros y en otros, son las compañías las que aportan la idea. Nosotros después lo que hacemos es aplicar el conocimiento y las tecnologías para intentar que el proyecto fructifique.

-¿En la actualidad cuántos desarrollan en total?

-Más de quince, pero por confidencialidad no puedo referirme a todos ellos ni detallar en qué consisten. Desde que se creó Adesva hemos puesto en marcha más de cien, algunos de ellos para multinacionales.

-¿La mayoría de ellos están relacionados con los frutos rojos?

-Estamos ubicados en un enclave como es Huelva, que se caracteriza por el cultivo de frutos rojos, luego muchos de ellos sí lo son, pero somos un centro tecnológico agroindustrial y nuestro trabajo no se centra solo en los berries. Así, hemos realizado proyectos con setas, altramuces, caquis, cítricos, tomate, uva y aloe vera, por poner algunos ejemplos, aunque es cierto que el 70% es del ámbito de la fresa y otros frutos del bosque.

-¿De todos cuál destacaría?

-Uno de los más destacados es el de Biomulch. Hay que tener en cuenta que ese plástico puede cambiar la filosofía de la agricultura en lo que se refiere a la retirada de residuos. Supone un cambio enorme, ya que se pasa de comprar un material derivado del petróleo a otro que se degrada en el terreno.

-¿Cuál es la inversión que realiza el centro o los asociados en I+D+i?

-Habitualmente, Adesva recibe el apoyo de la Administración pública andaluza, en concreto de la Consejería de Economía y Conocimiento. Necesita su apoyo en el sentido más amplio, tanto que la Consejería sienta el centro tecnológico como parte de su estrategia para hacer llegar la innovación a las pymes, como a través de las subvenciones, los denominados incentivos competitivos. La Junta de Andalucía tenía una orden (Plan Andaluz de I+D+i) de incentivos para centros tecnológicos de 2007 a 2013, que suspendió en 2012 y desde entonces no la ha reactivado. Estamos en 2018 y todavía no ha salido, lo que es un hándicap que impide que los centros tecnológicos puedan llegar a ser todo lo útiles que pueden ser para las empresas. El Paidi [Plan Andaluz de Investigación] 2020 se presentó en marzo de 2016. Las convocatorias de ayudas de la nueva estrategia esperaban movilizar 16.700 millones de euros, entre fondos públicos y privados y lograr la incorporación de 7.000 investigadores, pero aún no han sido aprobadas.

-Porque, ¿cuál es la función de un centro tecnológico?

-Socializar la I+d+i. Lo que hace es poner el conocimiento y ayudar a las empresas a realizar sus proyectos o a optimizar su proceso productivo. Lo hace sobre todo con las pymes y permite que accedan fácilmente a la I+D+i a unos coste razonables. Si los centros tecnológicos no reciben ayuda de la administración, éstos tienen que buscar los ingresos en la venta de las tecnologías a las empresas y lo tienen que hacer a un precio más elevado. En este estadio estamos ahora, obligados a vender la I+D+i más cara. La falta de ingresos por las subvenciones la suplimos de esta forma y por tanto dejamos de hacer en parte esa labor de socialización. También estamos teniendo menos demanda de las compañías al ser nuestros precios más altos. Hasta que se desbloquee la situación, dicen que este año, así seguiremos.

-¿Esto sucede en todos los centros?

-En Andalucía sí, pero en otras comunidades autónomas sí están teniendo el apoyo de la Administración regional, por lo que ahora somos incapaces de competir en precio y por tanto se están llevando todos los contratos. Están haciendo una especie de competencia desleal, pero porque tienen el apoyo que nosotros en estos momentos no tenemos.

-¿Hay mucha demanda de sus servicios?

-Muchas empresas grandes ya tienen su departamento de innovación, investigación y desarrollo, pero incluso en este caso el centro puede contribuir a desarrollar más rápido el proyecto. Después están las empresas pequeñas, que no pueden permitirse tener un departamento de I+D+i. El presupuesto que tienen para innovación siempre es escaso pero necesitan de ella porque tienen que seguir avanzado y ampliando sus posibilidades.

-En concreto, ¿cuánto destinan a la I+D+i?

-Alrededor de un 2%. Una empresa que destine un 10% es muy activa. Para las pymes nosotros somos su departamento de innovación externo. Con el apoyo institucional el servicio es más asequible para ellas, pero sin él les resulta más costoso. Hay que tener en cuenta que el 99,99% de las empresas andaluzas son pymes.

-¿De dónde nace el modelo de centro tecnológico?

-El modelo es europeo. Los primeros que se implantaron en España son de 1960 y se ubican en Navarra y País Vasco, Cataluña o Levante. Por estos lugares ya están imbricados en la sociedad, un extremo que no ocurre en Andalucía. Estoy convencido de que la interacción de los centros tecnológicos con las empresas en esos sitios ha hecho que esa comunidad autónoma tenga empresas muy activas y una industria más poderosa.

-¿Cuál es la situación de la industria agroalimentaria en Huelva?

-Apenas hay cinco o seis empresas relacionadas con la fruta y hortalizas, por lo que hay mucho por hacer, queda mucho por realizar.

-¿Cómo se puede fomentar la implantación de esa industria en la provincia onubense?

-Con el conocimiento que proporcionan los centros tecnológicos. La Administración tiene que ayudar con incentivos a los centros y las empresas. Además éstas tienen que creérselo, porque no es labor y responsabilidad de un solo actor, cada uno tiene su relevancia y un papel que jugar. Las empresas tienen que ver que es una posibilidad de inversión y de rentabilizar un nuevo negocio, la Administración tiene que estar detrás facilitando las cosas y dando un marco legal estable y los centros desarrollar su labor técnica y hacer de la competencia la excelencia. Porque además, para ello hay dinero de los fondos europeos. En Huelva cerraron el pasado año dos centros tecnológicos: el Garum en Isla Cristina, y el de la carne en Cortegana.

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