El regreso de las viejas amenazas

  • En el cuarenta aniversario de Doñana, el acuífero puede vivir su último ciclo histórico

Impar (11) aniversario de la catástrofe ecológica de Aznalcóllar. El 25 de abril de 1998 se rompió el muro de contención de la balsa de residuos mineros que la multinacional sueco-canadiense tenía en aquella localidad sevillana, regalando a los ríos Agrio y Guadiamar un caudal envenenado de más de dos millones de litros de lodo con altísimo contenido en metales pesados y otros cuatro mil millones de litros de aguas ácidas cargadas de lo mismo. El resultado fue la contaminación de 62 kilómetros de la cuenca del Guadiamar que fue contenida a duras penas en Entremuros. Aquel vertido sirvió para que el Ministerio de Medio Ambiente que dirigía por aquel entonces Isabel Tocino ideara junto a científicos, agentes sociales y la Junta de Andalucía el proyecto Doñana 2005.

El objetivo marcado era la regeneración hídrica de la marisma pero centrado básicamente en las aguas superficiales y los daños que causaba la colmatación: transporte, sedimentación en la zona y en especial en el Arroyo del Partido. Precisamente, la zona donde se ha quedado estancado el proyecto. Ahora, todos: científicos, ecologistas, agentes sociales, ayuntamientos y agricultores claman por la puesta en marcha de un nuevo plan que dé continuidad en el tiempo a Doñana 2005. Estaba prevista su extensión hasta el año 2010, entre otras cosas para garantizar la calidad de las aguas. No queda mucho tiempo, los informes confirman la peor de la hipótesis: Doñana ha comenzado a desecarse por su parte más sensible, las lagunas peridunares situadas junto a Matalascañas. No queda otra otra que sustituir el agua subterránea por captaciones superficiales.

La catástrofe de Aznalcóllar sirvió para poner de acuerdo a todos de la necesidad de proteger Doñana. Once años después, otra gran explotación, Mina de las Cruces, se levanta junto a sus puertas, un oleoducto se cierne sobre su entorno y sus costas a la espera de un centenar de petroleros y los metales pesados siguen apareciendo en sus aguas en su particular eclosión primaveral. Doñana parece haber entrado en una especie de prórroga en la que se juega el partido y la primera división del medio ambiente mundial.

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