Las recetas de Zapatero no convencen a la oposición

  • El presidente del Gobierno anuncia otra batería de iniciativas para reactivar la economía y el empleo que son recibidas con escepticismo por el Congreso · Zapatero y Rajoy reabren la caja de los truenos

La crisis prácticamente monopolizó la primera jornada del Debate del estado de la Nación, en la que los primeros espadas, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy, reabrieron la caja de los truenos sin margen para el acuerdo.

Zapatero apostó por un nuevo modelo económico y para lograrlo anunció, entre otras medidas, ayudas directas a la adquisición de coches, cambios fiscales en compra y alquiler de viviendas, rebajas a pymes y autónomos, y ordenadores para todos los escolares. Un paquete de medidas que Rajoy, como el resto de la oposición, acogió con escepticismo

La crisis económica y su secuela en forma de paro monopolizaron las intervenciones y el cara a cara entre el presidente del Gobierno y el número uno de la oposición estuvo plagado de reproches mutuos, acusaciones de mentir y críticas recíprocas por no trabajar teniendo como meta el bien de España y el interés general.

Zapatero acudió al Palacio de la Carrera de San Jerónimo consciente de que se iba a volver a hacer realidad la soledad parlamentaria que los socialistas están viviendo en los últimos meses y sus propuestas anticrisis cayeron en el saco roto de la incomprensión generalizada, pero tampoco se alcanzó el climax de tensión que ambos habían protagonizado en algunos momentos de los tres anteriores Debates sobre el estado de la Nación en los que se habían enfrentado.

Sobre todo, cuando el terrorismo estaba en el día a día de la lucha política y Rajoy llegó a acusar a Rodríguez Zapatero de traicionar a las víctimas de esta lacra. Ayer, el terrorismo sólo fue una nota a pie de página en la que el presidente del Gobierno insistió en que el fin de ETA está más cerca y en la que pidió a Rajoy que deje de hablar de que ha habido una rectificación en la política antiterrorista del Gobierno.

La economía absorbió hasta tal punto el debate que, a diferencia de otras ocasiones, no se abordaron asuntos de candente actualidad que parecían llamados a tener un hueco: la gripe AH1N1, la situación de los piratas capturados en aguas de Somalia y que permanecen en el buque Marqués de la Ensenada, o el anuncio de que la píldora del día después se podrá adquirir sin receta.

Ni siquiera hizo aparición por el hemiciclo el caso Gürtel cuando daba la impresión de que era apostar sobre seguro el afirmar que estaría presente en algún momento del enfrentamiento dialéctico entre Zapatero y Rajoy.

Los dos llegaban a la cita conscientes de que en esta ocasión se jugaban algo más que otras veces porque las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina y el debate es un buen escaparate para confrontar propuestas.

El presidente del Gobierno planteó las suyas y no obtuvo ningún crédito por parte de Rajoy. El líder del PP expuso su visión de lo que ocurre y Zapatero le acusó de no ofrecer alternativa alguna. En eso, nada ha cambiado.

Al margen del interés especial por el cara a cara entre Zapatero y Rajoy, los portavoces de los demás grupos también le dieron la espalda al presidente del Gobierno. "Nuestro balance es negativo por lo que los contenidos de mi intervención no serán de balance sino de moción de censura", avisó, por ejemplo, Josep Antoni Duran Lleida (CiU), quien una y otra vez acusó a Zapatero de "mala gestión".

El portavoz del PNV, Josu Erkoreka, también suspendió al Gobierno de Zapatero, al que calificó de "desnortado", "veleidoso" e "imprevisible". "¿Quo vadis (a dónde va) Zapatero?", preguntó el dirigente nacionalista, cuyo partido se la tiene jurada a Zapatero desde que los socialistas le desalojaron del poder en el País Vasco con el respaldo del PP, pese a que, visto lo visto ayer, parezca mentira.

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