El poder del talento y talento con poder

  • Dos concepciones distintas de toreo, Fandi y Talavante, brillan desde la atalaya de un triunfo que ayer les abrió la Puerta Grande del coso mercedario tras cortar un total de dos orejas a sus respectivos lotes

Ganadería: Corrida de toros con el hierro de Martelilla. Seis toros de variada presencia destacando por su juego los lidiados en segundo y sexto lugar. El quinto muy anovillado. Primero y cuarto mansos y rajados. TOREROS: Manuel Díaz 'El Cordobés'. Ovación. En el cuarto de la tarde, saludos; David Fandila 'El Fandi'. Dos orejas. En el quinto, fuerte petición de oreja y saludos desde el tercio; Alejandro Talavante, Oreja en su primero. Oreja en el sexto. Incidencias. Plaza de la Merced. Media entrada larga. Se desmonteró en el cuarto el banderillero 'El Ruso' tras parear con acierto en dos pares. El arrastre del segundo toro fue muy aplaudido.

Tuvo el festejo de ayer dos triunfadores. Uno, talentoso desde la poderosa concepción de un toreo arrollador como el de El Fandi. Otro, bien distinto en su forma, fue el triunfo del poder que otorga el talento a quien lo tiene. En este caso talento taurino. Caso para más abundar de Alejandro Talavante en esa rúbrica del que cerraba plaza.

Pero hay que hablar también del talento que tiene la bravura cuando un toro la enseña con tanto poder en la plaza.

Llegó el segundo como auténtico tren comiéndose con su bravura el blasón negro que había dejado su hermano en el capítulo que abría plaza feria y ánimo de toros en la ya certera referencia de esos 25 años de plaza nueva.

Un dechado de bravura y nobleza acometiendo sin caerse hasta donde hiciera falta. Hasta el límite de la distancia donde los toros bravos nunca rehusan acometer.

Curiosa circunstancia porque junto al sexto fue uno de los toros que lució esa estampa de cuerna y carnes que los castaños de lo que fue Marques de Domecq lucían no hace mucho. Toros muy diferentes en tipo al resto de los lidiados más finos de pelo y cuerna. Pero al fin y al cabo los que se dejaron de verdad fueron esos dos del flequillito sobre la testuz. Ya digo, los dos en tipo de lo que funcionaba siempre en lo del Marques.

Me da la impresión de que le dió más el toro al torero, que el Fandi al animalito. Lo digo en el intercambio de beneficios donde sinceramente sin llegar a ser derrotista, uno se acuerda más del castaño que del granadino a la hora de enjuiciar lo que sin duda fue uno de los capítulos más interesantes de esta apertura de feria.

Galopó de principio a fin de la faena, mantuvo la alegría que tienen los toros bravos de verdad y el Fandi se ajustó sincero en unos lances de capote donde hubo temple y tiempo.

Hacía el avión, se centraba sobre el eje que el torero imponía en el centro del ruedo y aun a costa de tener que alimentar la respiración con la boca entreabierta, el de Martelilla dejó siempre esa impronta de bravura y nobleza en todos los tercios donde le puso difícil al torero lucir con los palos.

En esa misma tesitura cogería Fandi el mando de la faena de hinojos en pleno centro de la plaza para instrumentar cinco muletazos donde temple y valentía avalaron la primera ovación grande de la tarde donde las banderillas alentaron a elevar una labor que después no terminó de romper del todo en manos del torero.

Predispuesto al triunfo, sin fisuras en su ánimo y con ganas de agradar, El Fandi acometió un final de faena donde la mano izquierda volvió a dejar ver un atisbo de templanza que después rubricó la espada viajando certera y enterrándose por entero en un toro que a buen seguro merecerá honores de reconocimiento para los postres de la feria.

El segundo del granadino bajó hasta límites de vergüenza la digna presentación que lució la corrida de Martelilla.

Anovillado, sin cuello, mal hecho y con pocas posibilidades de brindar faena al torero. El Fandi debió inventarse una faena comenzada sentado en el estribo y donde esta vez el matador puso el argumento técnico con el que engarzar esa faena que unida al alboroto que formó de nuevo en banderillas valiese para rubricar una Puerta Grande que ya le habían franqueado las dos orejas que paseó en la vuelta al ruedo.

No fue éste el mismo toro. Evidentemente no podía serlo. Las malas hechuras cantaron la pocas posibilidad de humillar. Poco brillo ante tanta falta de clase en la embestida del torillo.

Alejandro Talavante tuvo la otra gran opción de la tarde cuando saltó el sexto al ruedo. Un toro bravo y noble aunque no con la pujanza y alegría que tuvo el ya referenciado segundo.

No llegó a ser ese Talavante que los aficionados intuyen que sigue ahí porque un día lo vieron y sinceramente creo que lo esperan. Pero sí fue una faena importante ante otro buen toro.

Encontró por fin el extremeño el sentido exacto del punto donde temple y distancia se unen para construir el muletazo ideal y ahí consiguió en esa primera serie de naturales en pleno centro del ruedo, enfocar una faena que suena desde luego más maciza y rotunda que la que le había apuntado ya la primera oreja en su esportón.

Faena llena de enganchones donde Talavante no pudo aspirar a templar y mucho menos engarzar con belleza las series que el toro le andaba permitiendo.

La estocada en cambio, con mucha decisión por delante, le franqueó curiosamente con el palco embalado, un trofeo que sumado al del sexto abriría la Puerta Grande. Fue el triunfo del poder del talento. Un talento que Talavante tiene que empezar a mostrar antes de la temporada se le vuelva a poner tan enrevesada como la anterior. Tuvo ese Talavante un toro y un triunfo que dan respiro. Respiro para estar bien como en el sexto, pero aire suficiente también como para aspirar a faenas donde no haya fisuras de ningún tipo.

Poco resta decir de quien ni talento ni poder le dejaron siquiera tener sendos toros, enlotados con tamaño parecido, en lo malo y mansos que fueron. Manuel Díaz 'El Cordobés', torero amplio en recursos para cualquier situación se fue de vacío de esta plaza.

Poco tuvo que ver el torero ante dos autenticas burras con cuernos, aquerenciados por terrenos de chiqueros desde el principio de su salida al ruedo y que nada de emoción aportaron a la historia de una actuación donde la posibilidad de triunfar se escapa sutilmente desde ese aserto taurino que dice n, "Cuando no puede ser, no puede ser, y además...¡es imposible!

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